OPINIÓN

Los que escribimos siempre escribimos de nosotros, unas veces se nota y otras no. A veces estamos tan presentes en lo que decimos que se llama biografía, o poesía, pero a veces sólo es ficción. Pero es lo mismo, más de cerca, más de lejos, de una forma evidente o a través de parábolas, ejemplos, historias, cuentos chinos o malayos, el yo, el nosotros, la primera persona se cuela entre líneas. Pero hoy voy a hablar directamente de mí, de nosotros, porque hablo por mí y por mis compañeros, por todo el equipo que hace cada día, número a número la revista EXIT, la revista de fotografía que este mes cumple 16 años y que ha sido ganadora de los Lucie Awards a la mejor revista de fotografía de 2015. Estos premios, desconocidos en España como tantas otras cosas, son los más importante del sector profesional de la fotografía, se celebran desde hace 13 años en Nueva York organizados por la Lucie Foundation, una organización sin ánimo de lucro, y los de este año se han entregado el pasado 27 de octubre en una gala en el Carnegie Hall de Nueva York. Los finalistas eran Aperture (USA), Camera Austria (Austria), The British Journal of Photography (Inglaterra), Blow Photo (Irlanda) y EXIT (España). La ganadora ha sido EXIT, y es no sólo la primera revista española (o hispana) que lo gana sino los únicos españoles (o hispanos) que han ganado en alguna de sus categorías (ni artista, ni exposición, ni producción….). Lo recogía en nombre de EXIT la fotógrafa peruana Milagros de la Torre, todo un símbolo de lo que es EXIT: la revista que también habla de todos aquellos grandes artistas de la imagen que nunca aparecen en las otras revistas de fotografía: los peruanos, mexicanos, argentinos, portugueses, chilenos, españoles… Hace 14 años, cuando acabábamos de aparecer ya ganamos uno de los premios Krazsna Krauss a las mejores publicaciones de fotografía realizadas en los dos años que abarca este premio bienal. También fuimos no sólo los únicos españoles que han ganado uno de estos premios, sino la única publicación periódica que lo ha ganado. Cuento todo esto porque estas noticias nunca aparecen en ningún sitio, porque este éxito, pequeño pero muy significativo, debe de ser conocido al menos por nuestros lectores, ya que a las instituciones culturales no les importa en absoluto. Hay que saber que como siempre se dice somos más reconocidos, más premiados, más valorados fuera de España, en países con otra tradición y otra cultura que aquí, en nuestro terreno, en nuestro idioma (aunque EXIT es bilingüe y nadie piensa que se hace en España hasta que no buscan la dirección). Cuando salió el primer número en 1999, como un halago, como una definición, nos dijeron “no parece española, parece de cualquier otro sitio”. Debe ser verdad.

La realidad es que este premio nos sirve de recompensa moral. Las felicitaciones han llovido, nuestras cuentas de Facebook (más de 2.000 likes) el mail, están llenos de felicitaciones, incluso de críticos, teóricos, comisarios que no son amigos, ni siquiera afines, de amigos y desconocidos. Gracias de verdad. Queremos pensar que es un premio del que todos debemos estar orgullosos, una demostración de que en España se hacen las cosas tan bien, mejor, que en cualquier lugar del mundo. Pero no nos engañemos, la realidad es que aunque este año hemos sido reconocidos como los mejores del mundo (muchas gracias), este año hemos ganado, pero todos los demás años hemos perdido y perderemos. Sólo se gana de vez en cuando, se pierde todo el resto del tiempo. Porque el único triunfo de verdad es el de la supervivencia, esa que se consigue gracias a los lectores, a los suscriptores, a los anunciantes. Y ese premio, que se gana día a día, estamos a punto de perderlo. Esos anunciantes cada vez más escasos, que no se dan cuenta de su importancia para la supervivencia de estos proyectos culturales imposibles sin su apoyo. Una revista como EXIT sólo es posible si sus lectores se convierten en suscriptores, si cada uno de ellos considera que es lo suficientemente buena como para pagar su suscripción anual, una pequeña ofrenda al altar de los proyectos imposibles, a los dioses de la locura de hacer revistas, libros, de escribir, de editar. Sin esos accionistas voluntariosos que compran una sola acción renovable cada año, este proyecto, y cualquier otro de este tipo, es simplemente imposible.