OPINIÓN

La tradición de cada pueblo es mucho más rica de lo que nos podemos imaginar, y si la conocemos a fondo y tenemos capacidad de relacionar, esa tradición, sus fábulas, refranes y parábolas, los conocimientos de viejos, pueden aclararnos mucho de lo que hoy en día se convierte paradójicamente en un misterio, en un agujero negro, o en una simple estupidez elevada al cubo. Hace ya suficiente tiempo del fin de la feria ARCO para que ya pueda hacer un pequeño comentario a la pieza que Wilfredo Prieto, en su línea habitual de enfant terrible, exponía allí, para oprobio de unos, escándalo de otros y vergüenza de otros cuantos. Si la obra no vale nada, su precio era, al parecer, de 200.000 euros que siempre según los rumores (esa tercera vía de la información) fue adquirida sin dilación por un avezado coleccionista. Prieto es especialista en marcar un cierto y delicado escándalo en sus apariciones, siguiendo la estela de Mauricio Cattelan, quien, al fin italiano, es mucho más salvaje, directo y, digámoslo también, menos elegante. Hace unos años Prieto ya había expuesto en MACO (la feria de arte mexicana) la obra Una de cal y otra de arena, dos montones, uno de cal y otro de arena, que también se vendió rápidamente (no sabemos si al mismo avezado coleccionista, estamos esperando noticias). Pero en México nadie se escandalizó, claro que los montones de cal y arena eran más grandes que el vasito con agua en una repisita (a mi gusto una cursilada, algo así como una amanerada acuarela). Y es que en México no se escandalizan casi por nada, o por lo menos por nada que se exponga en una feria: lo compran o no lo compran, y pasan a lo siguiente. Es otra cultura.
Supongo que nuestros jóvenes curadores, galeristas, artistas y coleccionistas no han tenido tiempo para leer las fábulas de Iriarte. Para los que no las conozcan y sólo conozcan lo último de Auster, o de su señora, se las recomiendo enfáticamente. No sólo son excelentes sino que tantos años después nos aclaran hasta el efecto del “vaso de agua, medio lleno / medio vacío” de Wilfredo Prieto y todo el escándalo que trajo con él. La discusión por un detalle lleva a que no enfoquemos el tema en su totalidad. En la fábula dos conejos discuten si los perros que los persiguen son galgos o podencos, cada uno defiende una postura: uno galgos (medio lleno), otro podencos (medio vacío). Finalmente los perros, galgos o podencos, nos da igual (nos vale madre dirían en el D.F.), los agarran y los matan. Aquí no se ha vertido sangre, pero sí mucha mala baba, mucha ignorancia y mucha tinta, demasiada energía. Mientras tanto los perros nos han atrapado a todos y nos han dejado heridos. La jugada de Prieto es inteligente y perversa a la vez, pues enfocando la polémica en su pequeña e insignificante obra (una obra simplista y un cebo demasiado fácil, en el que han picado todo tipo de peces) lo que consigue es que todo el arte contemporáneo sea juzgado por igual como una provocación sin sentido. Desde la Mierda de artista de Manzoni, hasta el Urinario de Duchamp (o de quien sea). No se ha parado nadie a pensar que es como copiar un Miró, repetir un gesto ya hecho. Y repetirlo en una feria, para un público ignorante en su mayoría, y para una prensa que rastrea en la feria el desnudo, lo zafio y cualquier pista de escándalo… pues al fin y al cabo, el arte no es noticia por sí mismo, lo es por su precio, porque lo han robado, porque lo han atacado, o porque es un vaso medio lleno o medio vacío, vaya usted a saber, de agua. Personalmente, yo creo que son podencos.

Los dos conejos
Por entre unas matas, seguido de perros, -no diré corría-, volaba un conejo.
De su madriguera salió un compañero, y le dijo: “Tente, amigo; ¿qué es esto?”
“¿Qué ha de ser?” –responde-; sin aliento llego… Dos pícaros galgos me vienen siguiendo.”

“Sí -replica el otro-, por allí los veo… Pero no son galgos.” “¿Pues qué son?” “Podencos.”
“¿Qué? ¿Podencos dices? Sí, como mi abuelo. Galgos y muy galgos, bien vistos los tengo.”
“Son podencos, vaya, que no entiendes de eso.” ”Son galgos, te digo.” ”Digo que podencos.”
En esta disputa, llegando los perros pillan descuidados a mis dos conejos.
Los que por cuestiones de poco momento dejan lo que importa, llévense este ejemplo.
(Tomás de Iriarte, Fábula de los dos conejos)