OPINIÓN

Estamos asistiendo a grandes cambios en la estructura del mundo del arte, y también en la estructura del poder del mundo del arte. No solamente por la crisis económica, que realmente sólo afecta a una periferia del sector y no al núcleo duro, a Art Basel y Art Basel Miami me remito. De hecho estamos llegando a un punto en el que solamente las galerías más fuertes del mundo, y sus semejantes en tamaño nacional o regional, venden y hacen dinero. A eso en España se llama “dinero llama a dinero”.


Que nadie se engañe pensando que el crítico, o el comisario/curator tiene fuerza para dirigir las líneas de fuerza del arte actual. Los que piensan que son los directores de museos, están igual de engañados: los únicos directores de museo que tienen fuerza son los que están respaldados por el dinero, bien en versión patronatos de ricos aficionados, bien los que, en la versión lobby, han creado una red de apoyo entre curadores independientes (agitadores sin sueldo fijo)-mercado galerístico-museo como homologador del buen gusto y adecuación de la obra al discurso central del momento. Es cierto que el equilibrio del poder en el arte ha oscilado entre la Iglesia, las casas reales, la nobleza y la burguesía, el museo como institución, el coleccionista que se convirtió en galerista que se convirtió en coleccionista que se convirtió en mecenas y que murió para dejar paso a las figuras centrales de la feria (con su director sustituible según las tendencias), el curator aparentemente independiente pero que depende en el 90% de los casos del mercado y las galerías o del “mercado institucional” de los museos. Es decir, dependen del poder, como todos. En España a eso se le dice “poderoso caballero es Don Dinero”.


Pero ahora es curioso observar las relaciones que se establecen entre las galerías y los museos. En unos casos, las galerías aceptan su papel de vasallaje y se colocan alrededor del castillo del noble, que les va a proteger y a proveer con sus compras y dádivas. Es el caso de las galerías que se buscan un lugar cerca de los museos, con esa extraña excusa de que así el público (¿qué público?) y los compradores (¿qué compradores?) lo tienen más fácil (aquí ya no se qué preguntar, pero sigo sin entender bien la cosa). Es la teoría del núcleo: formemos todos una unión, agrupémonos en un barrio, al estilo del Quartier de los Museos de Viena, de las galerías del Soho, o de Chelsea en Nueva York… y todos nos beneficiaremos por el contagio, por la proximidad, y hagámoslo en torno de alguien especialmente fuerte… y que compre: un museo. Esto vale prácticamente sólo para Europa, porque en otros países los que compran van a donde haga falta y/o los museos no pueden comprar así como así.


Otro caso opuesto es el de la galería que parece querer competir con el museo. Es el síndrome de la galería-museo. Realmente no llegan ni a poder ser consideradas como kunsthalles, pero da igual, como casi nadie ha llegado a entender la diferencia entre kunstverein y kunsthalle pues no pasa nada. Tampoco se ha llegado a entender muy bien las diferencias entre museo o centro de arte, y ahora tampoco con el centro de producción. Total, si los nombres dan igual, pues si una galería tiene unas dimensiones físicas, en metros cuadrados, mayores que algunos museos, encargan sus exposiciones a un curador (este puede ser emergente o cosmopolita, barato o caro) y dan unas inauguraciones donde está todo el mundo (lo que se llama todo el mundo, es decir, unos artistas amigos de los que exponen, novias, amigos, los que han comprado alguna obra alguna vez a esos artistas o en esa galería, más los amigos del curator, más los amigos de las inauguraciones -¿para cuándo una asociación?- unas cuantas chicas guapas, unas señoras que fueron guapas y ahora parecen ricas, curiosos y algún profesional que quede con fuerzas…), bueno pues entonces se preguntaran algunos ¿qué diferencia hay con un museo? Si total los museos también tienen sus artistas habituales, y exponen casi siempre a los mismos.


Los visitantes ya confunden Art Basel con la Bienal de Venecia y se extrañan de no poder comprar nada en los pabellones nacionales. Entre la Documenta y una feria no hay diferencia salvo en que la Documenta dura más días y suele ser más aburrida (hay menos gente guapa…) aunque si unimos varias ferias, Documenta duraría menos… La diferencia entre unas cosas y otras no la puedo explicar en pocas palabras, pero tal vez la pueda resumir con sólo cuatro: ser o no ser. That is the question.


Imagen: Sarah Bernhard como Hamlet, 1899.