Nacida en Colorado, Estados Unidos, Francesca Woodman se crió en el seno de una familia de artistas, de los que recibió sus primeras influencias en el mundo del arte, que lo conceptualizó no sólo como un modo de vida, sino como un modo de pensar. El otro hecho que influyó en su obra y en su vida fue el de que viviera su infancia en la Toscana Italiana, rodeada del círculo de amigos de sus padres, casi todos ellos pertenecientes al mundo del arte. Como fotógrafa, su interés por este nació a la edad de trece años, cuando comenzó a desarrollar sus primeros trabajos adoptando ya un estilo característico propio: fotografías en blanco y negro, de formato cuadrado y dando prioridad a la iluminación, consiguiendo a través de ella centrar la atención sobre un sujeto personal o sobre el paisaje.

En Roma, lugar donde fue aceptada como participante del programa de estudios de las instalaciones que la escuela Rhode Island School of Design tenía en el Palazzo Cenci, conoció y se identificó con el surrealismo y el futurismo, hecho que marcó sus fotografías. Artistas como Deborah Turbeville o Man Ray influyeron en su forma de fotografiar, de trabajar. Tras su estancia en Italia, se trasladó a Nueva York en el año 79, donde intentó abrirse camino como artista. Al no conseguirlo, su vida se tornó en depresión, lo que la llevó a suicidarse saltando por una ventana el 19 de enero de 1981.

Su obra se centra en el retrato en blanco y negro, casi siempre usándose a ella misma como modelo. El cuerpo, muestra la figura humana de una manera borrosa, perdida entre las sombras, casi delirantes, son el punto de partida de su obra. Pero el espacio era también otro tema que desarrollaba en su trabajo; las calles de Roma, su arquitectura clásica, ruinosa o las mansiones victorianas dejan ver su otra gran influencia, la de los pintores clásicos italianos.

El Patio Herreriano expone parte de la obra de Woodman, fotografías pertenecientes a la colección Sammulung Verbunb de Viena, mostrando la unión entre el cuerpo, la naturaleza y la arquitectura, creando composiciones en las que se percibe un ápice de siniestralidad, melancolía y tristeza.

(Francesca Woodman en Patio Herreriano. Desde el 8 de marzo hasta el 7 de mayo de 2017)