Replantearse la historia del arte entorno a la biografía creada por el artista o construida sobre su figura, ese es el eje central de la exposición comisariada por Jean-François Chevrier, y que se puede ver en el Reina Sofía desde el pasado 26 de noviembre hasta entrado el año próximo. Formada por un total aproximado de 275 obras —pinturas, esculturas, instalaciones, fotografías, extractos de películas, dibujos y material documental—, algunas de ellas nunca vistas antes en España, de artistas de la talla de Edvard Munch, Mark Rothko, Paul Klee, André Breton, Gerhard Richter, Alberto Giacometti, Martin Kippenberger, Maruja Mallo, Pepe Espaliú, Brassaï, Lygia Clark, Michelangelo Pistoletto o Dorothea Tanning, presenta una opción historicista a partir de una idea totalmente actual. La figura del artista siempre ha sido axial en la construcción de la historia del arte, si bien según las épocas y las tendencias teóricas, esta importancia ha sido exaltada o matizada. La explicación de la obra de arte a partir de la biografía del artista ha sido una tendencia generalizada y ha construido una línea muy importante y que en la exposición se asienta sobre las distintas formas que los artistas utilizan para perfilar su personalidad y reforzar su identidad. Entre la mitología individual, que surge cuando el creador conforma su propia historia, su biografía a medida y crea su personaje; y la construcción, consistente en buscar los elementos básicos y esenciales de la obra de arte con el fin de articular la biografía del artista, se articulan los apartados de esta exposición que se complementa con un catálogo, un ciclo de cine, una conferencia-debate con el comisario y algunos de los artistas de la muestra, así como con varias visitas guiadas para diferentes tipos de público.

Imagen: Dorothea Tanning. Chambre 202, Hôtel du Pavot, 1970.