El mes pasado se llevó a cabo una edición más del Festival Internacional de la Imagen (FINI) en el estado de Hidalgo. Una oportunidad para salir y descentralizar la cultura que parece absorber la Ciudad de México. Este encuentro multidisciplinario busca promover y resaltar la relación que existe entre el arte y la comunicación visual, que va más allá de la fotografía y el video. A la par de la experiencia estética, el festival busca ser un catalizador para el dialogo y la crítica, exponiendo males contemporáneos de carácter político, económico y ecológico.

¿Cómo satisfacer las necesidades del presente, sin comprometer los recursos de las generaciones futuras? Esto es un planteamiento del Desarrollo Sustentable, tema que abordaba este año el FINI. Si es que el arte tiene una función en la lógica del capital, podría ser la de concienciar a la gente sobre la realidad actual, que no es muy alentadora. Una imagen puede promover odio, consumo, intolerancia, pero también puede ayudar a detonar la reflexión en torno a temas urgentes y preocupantes que muchas veces los medios de comunicación masivos dejan de lado. En este sentido el FINI en colaboración con la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) reafirma el compromiso para promover la discusión de tópicos de carácter social que nos atañen a todos y todas.

El FINI se ha afianzado como un referente de la cultura visual en el país y pudo traer a artistas influyentes como: Mary Ellen Mark, Kimiko Yoshida, Isabel Muñoz o Chang Chao-Tang. Este año el país invitado fue Italia, que estuvo representado por Oliviero Toscani, fundador de la revista Colors, la cual resalta la realidad multicultural contemporánea. Pero sin duda por lo que es más recordado es por sus polémicas campañas para Benetton y Nolita. En las que aborda temas como la anorexia, el VIH, la homofobia, el racismo y los abusos del poder. Toscani dio una clase magistral y mostró su último proyecto Razza Umana, que pretende mostrar las diferencias morfológicas en diversas culturas a través de retratos, con el propósito de desvelar la riqueza cultural en la que nos encontramos, donde no debe haber una raza dominante.

Entre los artistas invitados destacó también Ariel Guzik, reconocido como creador de complejos instru­men­tos de resonancia sonora que dan voz a las señales sutiles de las plantas, al movimiento de las nubes, a la caótica estática que ronda los objetos y al canto subacuático de los cetáceos. También estavieron Josh Haner, Ramón Valdiosera, Michal Batory, Nicola Lorusso, Pia Seiersen, Raymundo Sesma, Luis Almeida, Carlos Bolado, por mencionar algunos. El Festival estuvo repleto de exposiciones, talleres, proyecciones con directores, coloquios, clases magistrales y conversatorios, como el que se llevó a cabo en torno a la Bienal de Fotografía del Centro de la Imagen de nombre ¿Quién le teme a la nueva fotografía? y con la presencia de su curadora Amanda de la Garza, artistas y otros curadores y gestores culturales, que presentaron diversos proyectos sin olvidar la parte crítica. En fin, una celebración compleja, amplia y rica como es la imagen misma.

Algo más para resaltar es que por tercer año consecutivo el Festival adoptó como tema transversal, y a modo de complemento, al Diseño Gráfico, por medio del Concurso Internacional de la Imagen en su modalidad de Cartel. Propiciando un ambiente multidisciplinario que estaba abierto a diferentes tipos de creación y reflexión.

Así el FINI no sólo es una opción solida de grandes artistas consagrados, sino que permite ser plataforma de jóvenes emergentes.