OPINIÓN

El tiempo pasa, día a día, mes a mes, año a año, incluso segundo a segundo. Y de golpe ya llevamos en el mismo trabajo, en la misma casa, con la misma pareja cinco, diez años. Y nuestros hijos, nuestros perros, cumplen años y parece que fue ayer cuando te conocí, pero no, ya hace tantos años que murió aquel amigo… Y el tiempo, que no lo borra todo aunque todo lo desfigura, pasa y no cura las heridas: sólo nos hace más viejos y en algunos casos más sabios, en otros no. Y en estas nos paramos un momento y los e-mails empiezan a informarnos: el Reina Sofía cumple 20 años (¿desde cuando cuentan exactamente?) y Elba Benítez (la galería) ha cumplido 20 años (parece que fue ayer cuando se presentaba en la feria de Colonia, “Hola soy Elba Benítez y voy a abrir una galería en Madrid”). Y ya hace 20 años ¿los mismos que el Reina Sofía? ¡qué jaleo de cumpleaños! No sé por qué parece que lo que en una son 20 años en otro son 120 años, pero eso es como todo, unos llevan mejor los años que otros. Y la galería Juana de Aizpuru llega a los 40, todo un récord para cualquier memoria. Claro que ARCO llega en febrero a los 30 años y empieza de nuevo, no sabemos si con tanta energía, pero está en una edad de inicios. Y las galerías cada año cumplen un año más, aunque cumplir 11 parece que no es lo mismo que cumplir diez: T20 diez años, Ad Hoc diez años, Bacelos 20 años… Todos cumplimos años (EXIT cumple diez años también en noviembre), cada día hace un año de algo. Lo importante sería saber qué ha pasado en todos estos años, en todos estos días, si hemos aprovechado el tiempo, si hemos aprendido con la experiencia, si hemos vivido o sólo hemos durado.
Los años certifican que estamos vivos, que seguimos, todos en la brecha, en la vida. A pesar de los malos augurios, a pesar de las crisis repetitivas, a pesar de todo.
Pero no a todos les gusta cumplir años. Para Sophie Calle, como para muchos otros, los cumpleaños son un ritual de desafecto, de olvido y de futilidad. La constatación de que todo llega, sí, pero también de que todo pasa y con ese pasar nos vamos nosotros y sólo queda el recuerdo de lo que nos hizo daño, de todos los regalos que nunca nos hicieron, de todos aquellos que no nos quisieron, que se olvidaron de nuestros cumpleaños. Por eso ahora se envían notas de prensa, e-mails, anuncios, para que no nos olvidemos de quienes cumplen años. Lo mejor sería seguir el consejo del Sombrerero Loco y felicitar el “no cumpleaños”. Así se acabaron los traumas y los malos rollos. Y cada día Juana de Aizpuru cumpliría un día más y cuarenta años, es decir, un “no cumpleaños”. Y recibiríamos esas preciosas rosas rojas cualquier no cumpleaños, y no solamente un día al año. Queremos más, queremos cumplir años todos los días y celebrar que estamos vivos, porque, finalmente, es la única razón para alegrarse. Y recordar en esos miles de no cumpleaños a todos los que ya no están con nosotros, a todos los que echamos de menos y cuya ausencia, cuya muerte, cumplirá años en cualquier momento. Cualquier día de cualquier año. Como decía Sisa, “Cualquier día puede salir el sol”. Feliz no cumpleaños a todos.