Imágenes sutiles, evocadoras, crípticas y sosegadas son las que ha creado este pintor belga, fallecido a los 82 años de edad, durante más de cincuenta años. Una obra realizada habitualmente en lienzos de pequeño formato, con una paleta limitada y suave de colores que le han servido, a pesar de su aperiencia inacaba y casual, casi naïf, para adentrarse y explorar los límites de la pintura. Un medio en el que se aventuró después de probar otras profesiones como la de periodista deportivo o administrativo; una vocación, el arte, que le valió el reconocimiento merecido en 1992, cuando su obra se expuso en la Documenta de ese año y que, tras empezar a representarle la galería David Zwirner, se empezó a mover y valorar a nivel mucho mayor que el obtenido desde que empieza a exponer a mediados de los sesenta.

Ahora su vida se ha agotado, pero su trabajo tranquilo y reflexivo perdurará en el recuerdo albergado en colecciones y museos de medio mundo.