Rosa Olivares

Cuando muere un artista perdemos la inteligencia, la imaginación, la mano de un creador. Cuando muere un amigo, nos quedamos con un agujero en el pecho. Pero cuando quien muere es un artista, un amigo y se llama Pere Formiguera, la pena es algo que supera cualquier explicación.

Enfermo, alejado de la escena y de los escenarios, Pere ha sido una de las cabezas más brillantes y uno de los fotógrafos más originales, más delicados y peor comprendidos de la fotografía española actual. Su trabajo sobre el tiempo (Cronos especialmente) es una obra imprescindible internacionalmente, su relación con el retrato, con el paisaje, con la infancia, su brillante forma de generar publicaciones infantiles, su increíble brillantez como escritor, todo ello, no ha conseguido el reconocimiento en una sociedad que nunca estuvo a su altura. Autor del proyecto FAUNA, firmado con Joan Fontcuberta, les llevó al MoMA, siendo los primeros artistas españoles que exponían allí, pero parece que el tiempo y la ignorancia de muchos ha borrado su papel en este proyecto. De espaldas al mercado y al éxito, pasó sus últimos años aislado, con el amor y la admiración de sus amigos. Esperemos que su llegada al más allá haya sido tan divertida como la de su personaje Hipòlit y, sobre todo, mucho más rápida.

Imagen: Pere Formiguera. Nu, s.f.