A la edad de 104 años fallecía el pasado 5 de diciembre el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer. Autor fundador de un estilo propio, el modernismo sensual que hoy llena las calles de ciudades como Rio de Janeiro a través de las piezas icónicas que realizó durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta. Poco a poco sus diseños fueron conquistando el resto del mundo gracias a su capacidad para combinar la racionalidad del estilo modernista con elementos formales de un hedonismo lírico y voluptuoso, convirtiéndose en el último gran arquitecto del siglo XX, coetáneo y superviviente de otros grandes maestros a los que igualó y revisó con sus propuestas.


Brasilia, ciudad que todavía le llora, es el lugar privilegiado en el que más edificios llevó a cabo Niemeyer: la catedral, el congreso, los palacios de Alvorada y Planalto… sueños hechos piedra que redefinieron la ciudad y la arquitectura y que consiguieron, gracias al espíritu incansable de este artista, aunar funcionalidad y belleza.