El pasado domingo fallecía el pintor suizo Michael Biberstein. Afincado en Portugal desde 1979, y tras vivir anteriormente una temporada en los Estados Unidos, Biberstein ha sido uno de los creadores que más esfuerzo ha empleado en representar la atmósfera y los cielos lusos. Con una obra donde la luz, el vacío y los horizontes infinitos se conjugaban con la suavidad de los colores difuminados de su paleta, uno de sus últimos trabajos ha sido la realización de los techos de la Iglesia de Santa Isabel en el que ha volcado las suaves nubes y celajes que predominaron en su obra. Su trabajo se conserva en colecciones como la del MNCARS o la Fundación Gubelkian entre otras muchas instituciones portuguesas donde le recordarán como el pintor que mejor supo atrapar el cielo.