El reciente fallecimiento del pintor Juan Antonio Aguirre (Madrid 1945-2016) cierra sentimentalmente una etapa de la pintura madrileña. Pintor y aglutinador social, escritor y teórico, y sobre todo un amigo para todos aquellos pintores, críticos y jóvenes en general que se acercaban a él para compartir ideas, proyectos e información. Víctima de un ictus desde el pasado mes de febrero fallecía el pasado 19 de marzo sin que los medios de comunicación dieran a la noticia la importancia que sin duda merece. Al parecer quedan muy lejos aquellos años 60 que fueron el escenario para una actividad artística que renovaría el panorama nacional, dando un paso adelante a una similitud y adecuación a los movimientos europeos coetáneos. Juan Antonio Aguirre fue un intelectual en el sentido clásico de la palabra: licenciado en Filosofía y Letras en Madrid tuvo como compañeros a Fernando Savater y a Ignacio Gómez de Liaño, entre sus amigos figuraba ya en sus años jóvenes el dramaturgo Francisco Nieva. Expone por primera vez en la sala Amadís en Madrid en 1965, de esta sala siempre vinculada con el arte más joven sería director algunos años después. Este camino doble entre la creación y la gestión, la teoría, la agitación cultural, están siempre presentes en una biografía llena de nombres y de ideas pero igualmente sosegada y sin ambiciones espúreas. Aguirre sería el cerebro y el corazón de la llamada Nueva Generación, en la que en 1967 reuniría a artistas tan variados como Luis Gordillo, Elena Asíns, García Ramos, Barbadillo, Jordi Teixidor, Yturralde, Alexanco, Julio Plaza, Julián Gil, Jordi Gali, Egido, Anzo y él mismo, de esta creación suya daría sobra explicación en su libro Arte último editado en ese mismo 1967 y en el que estudia la situación de la pintura española del momento.

El pintor Juan Antonio Aguirrre.

El pintor Juan Antonio Aguirrre.

Entre cuadro y cuadro, exposición y exposición, y reuniones con sus amigos pintores, Aguirre sería, también primero conservador y posteriormente subdirector del Museo Español de Arte Contemporáneo, y años después integraría el movimiento de la Nueva Figuración Madrileña junto con los artistas Guillermo Pérez Villalta, Carlos Franco, Chema Cobo y el fallecido Carlos Alcolea. Su pintura siempre estuvo centrada en la figuración, con un suave y paulatino desvanecimiento abstracto lleno de color, donde siempre estuvieron presentes tanto Bonnard como los fauve, con sus azules y su sencillez argumental. Una pintura calmada y estricta, como siempre fue el mismo. En 1996 donó su colección personal de obras de arte al Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), que tres años más tarde, en 1999, realizó la primera exposición retrospectiva dedicada el pintor madrileño. A partir de ahora ya queda en la memoria de unos pocos y en la historia del arte contemporáneo español, cuando este se escriba con respeto a la realidad y con amor al arte.