El artista catalán Jaume Xifra (Girona, 1934) ha fallecido el pasado 17 de abril en París a los 80 años. Desde que en 1959 abandonase España para instalarse en Francia, Xifra no ha dejado de cruzar fronteras. Así, de estudiante de tecnología, pasó a serlo de arte; de pintor pasó a escultor; y de artista, a sociólogo y antropólogo. Eso sí, siempre fiel a su confianza en la capacidad comunicativa del arte y a su compromiso como artista con el público.
La obra de Xifra aparece unida a su biografía, y si primero se interesó por la escultura siendo asistente de Apel les Fenosa y César, la llegada de la sociedad de consumo en los años 60 le hizo reaccionar de forma crítica con una obra pictórica muy novedosa que empleaba plantillas y técnicas de spray. Entre 1968 y 1969, su estancia en Chile le descubrió las fecundas relaciones existentes entre el arte, el ritual y el ceremonial. Este triángulo será fundamental para la creación de sus famosos objetos Numineux. Sin olvidar su producción cinemátográfica, Xifra comienza en los años 70 una etapa marcada por su obsesión con los objetos –imposibles e irreversibles muchos de ellos– y empieza a acompañar la exposición de éstos con acciones. Un buen ejemplo es su famoso Hollocauste pour un ballon, de 1976. Finalmente, una nueva irrupción en su vida será la que marcará la última fase de su carrera. Se trata de la lingüística y la informática. Sus obras se llenan de juegos con signos, permutaciones teóricas, reglas que se replantean la temática del retrato, y aplicaciones numéricas como las que aparecen en la exposición Criptus de Gerona en el 2003, realizada junto al matemático David Juher.

Imagen: Jaume Xifra.