Comienza mal el año para la fotografía. Tras el fallecimiento de Eve Arnold del que hace apenas unos días nos hacíamos eco, conocemos ahora que también se ha marchado la fotógrafa Jan Groover que, con tan sólo 68 años, fallecía hace unos días en su domicilio francés. Groover pasará a la historia de este medio por sus bodegones y sus retratos de naturalezas muertas en las que se observan una clara inspiración pictórica (con alusiones al cubismo y a Cézanne) considerándosela heredera de la obra de Paul Strand y László Moholy-Nagy. Autora de lo cotidiano, captaba como nadie las texturas, los distintos planos y la paradoja de la vida inerte de los objetos que nos rodean. Bien es cierto que en la década de los setenta sumó a su repertorio el retrato de las calles y los suburbios neoyorquinos, instáneas que en el fondo enlazaban con su interés por captar el paso del tiempo y la vida. Su obra se conserva en grandes museos como el MoMA donde se celebró, en 1987, una de sus exposiciones monógráficas más importantes.