El fotógrafo argentino Horaccio Coppola ha fallecido, el pasado lunes, a los 105 años. Un siglo de vida durante el que, más de la mitad del tiempo, se dedicó a captar el mundo con su inseparable leica. Marido de la gran fotógrafa alemana Grete Stern, alumno de la Bauhaus; vivió en Alemania, Gran Bretaña y Francia antes de regresar a Agrentina donde se consagró gracias al libro Buenos Aires 1936 aunque mucho antes, había sido el fundador del primer cine-club de la ciudad y se había dado a conocer por su intervención en el libro Evaristo Carriego de Borges. Probó con la experimentación fílmica y gracias a la ayuda de Stern, quien lógicamente pasó más tiempo que él en la Bauhaus, llevó la modernidad y la vanguardia al diseño argentino de los 40. Probó el color, como no podía ser de otra manera, en la década de los 60 para pasar a la oscuridad del olvido en los 70 y redescubrirse su obra en los 80. El fallecimiento en 2004 de Raquel Palomeque, su última esposa, fue junto a su avanzada edad el golpe final que le hizo abandonar por completo la fotografía, ese arte accesible solamente para aquello que, como el, supieron detenerse y mirar el mundo.

Imagen: Horacio Coppola. Londres, 1934.