El pintor madrileño Francisco Echauz falleció la semana pasada a los 84 años de edad. Fue uno de los principales representates de las vanguardias de los años 50 en España, uno de los pocos artistas que se opuso a la pintura oficial del régimen, incluso a aquella que era más moderna y, como tal, se instrumentalizó para fines políticos. Su pintura era expresionista, pero bebía a su vez de la geometrización y el informalismo. Su concepción del arte era la de una especie de catarsis personal en la que obra es bella pero dolorosa. En los últimos años su obra tendió hacia el lirismo y los paisajes y las ruinas eran motivos recurrentes en su trabajo, quizás por la influencia que Roma, en la que habitó varios años y donde conoció a su mujer, tuvo en él. Echauz compaginó su trabajo artístico con la docencia llegando a ser Catedrático de Dibujo y Profesor Emérito de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Fue precisamente en la sala de esta Facultad donde se llevó a cabo su última exposición, un acto con el que homenajear toda una vida dedicada al arte.