El director de cine francés Alain Resnais ha fallecido a la edad de 91 años, adiós a uno de los máximos exponentes de la Nouvelle Vague, movimiento francés que trasformaría por completo la concepción (estética y narrativa) del cine que se tenía hasta entonces. Comenzó su andadura en el cine a finales de los años 30, en tareas como montador y adquiriendo una experiencia como cortometrajista/documentalista de más de diez años, llegando a debutar en el largo con Hiroshima mon amour, (1959); película que conjuntamente con Los 400 golpes de François Truffaut se consideran las que consolidan (no iniciadoras) la tan conocida nueva ola, aunque tuvieran como precursores al teórico André Bazin o al cineasta Jean Pierre Melville. Muy probablemente de entre todo el grupo que lo conformaron (Godard, Rivette, Chabrol, Rohmer, etc) fuera el más socialmente combativo a la par que el más experimental. Conjuntamente con Hiroshima, Resnais logra crear con los ya emblemáticos títulos El año pasado en Marienbaud de 1961 y Muriel de 1963 una especie de tríptico por la cual es encumbrado por parte de la crítica especializada.
De mediados y finales de los 60 destacan los títulos La guerra ha terminado con Yves Montand y guión de Jorge Semprún y el documental Lejos de Vietnam donde colaboran conjuntamente cineastas como Chris Marker, Godard, Agnes Varda o William Klein entre otros. En la década de los 70 destacan Stavisky (1974) que, aún teniendo a una estrella como Jean Paul Belmondo, es un sonoro fracaso y Providence (1977), una de las cimas del cine de autor del momento. Director prolífico, destacan en su cine constantes obsesiones como el amor, el deseo, la memoria o la muerte. En su amplia filmografía resulta encomiable que con 75 años realizase la que viene a ser su película más jovial, alegre y su mayor éxito comercial On connait la chanson, comedia en clave musical. El último largometraje de Resnais, Aimer, boire et chanter fue presentado en el pasado Festival de Berlín, aún por estrenarse en las salas francesas, consiguiendo el premio FIPRESCI; tal y como dijo el jurado: “un largometraje que abre nuevas perspectivas”. No hay mejor epitafio para un maestro nonagenario.