La narrativa suele estar marcada por varias pautas, entre una de sus características encontramos la idea de finalidad, como una novela, que aunque el lector no quiera que acabe nunca, esta está abocada a terminar, al pasar la última página, o un concierto, que termina con la última canción y la inevitable salida del foro de los asistentes. Normalmente, si algo nos atrae mucho, no queremos que termine, pensamos en lo infinito, en que esos personajes, esas historias, sean infinitas, una secuencia infinita. Es así como se presenta la exposición dedicada al trabajo del artista conceptual Ignasi Aballí, Secuencia Infinita. Ganador del Premi Joan Miró en la quinta edición, Aballí presenta esta exposición como una linea temporal infinita en la que, de manera gradual, ataca el modelo de producción del artista, creando una narrativa expositiva, relacionando las obras y los espacios de la muestra de manera continua.

Una gran obra fragmentada en pequeñas obras que, unidas, producen una sensación de continuidad, de una única composición, apuntando a la idea de infinidad y repetición, un bucle del que no hay salida. En esta idea de secuencia infinita, no es propio dividir la exposición, pero el visitante se encontrará con cuatro salas temáticas que, serán una sola, en esa idea de continuidad. La primera se centra en la temporalidad, la segunda trata sobre el color, una tercera se centra en la idea de invisibilidad y ausencia, para finalizar con una proyección que gira en torno a la idea de la imposibilidad de controlar los mensajes y sus significados. Las obras mostradas datan desde los años 90 hasta producciones nuevas, que se presenta en la Fundació Joan Miró.

 

(Secuencia infinita, Fundació Joan Miró, Barcelona. Desde el 1 de julio al 2 de octubre del 2016)