Tras el desencanto que produjo la II Guerral Mundial en la comunidad artística, la pintura, hasta ese momento la técnica artística por antonomasia se convirtió, para algunos creadores, en un símbolo de la sociedad arcaica, violenta e irracional que había conducido al mundo a la guerra. Fue entonces cuando artistas de distintos lugares sintieron la necesidad no tanto de abandonar ese medio, sino de pervertirlo y atacarlo. De pronto el acto creativo, el gesto físico, alcanzaron una importancia desconocía hasta entonces lo que, sumado a la experimentación y al cambio de los tiempos, dio pie a grupos y tendencias en los que se fraguaron las primeras acciones, los happenings pioneros o incluso, sin ir tan lejos, la pintura mediante técnicas como el dripping de Motherwell, y después, de Pollock. Una revolución gestual tan importante como lo fue en su día la realización, por parte de Braque y Picasso, de un bodegón que incorporaba materiales ajenos al pigmento pictórico. El Moderna Museet de Estocolmo celebra el nacimiento del arte de acción dedicando una muestra, que posteriormente viajará a la Fundación Joan Miró de Barcelona, a la action paiting tanto en su vertiente más clásica, encarnada por los expresionistas abstractos norteamericanos, el grupo de Gutai en Japón o el núcleo europeo encabezado por Yves Klein; como la más radical de sus facetas con los disparos de Niki de Saint Phalle, o las sanguinolentas e irreverentes acciones de Hermann Nitsch o de Carolee Schneemann. Un repaso extraordinario e imprescindible para comprender el arte del siglo XX y que enfatiza la sorprendente evolución y la capacidad de metamorfosis de un medio como la pintura que, hasta los años cuarenta, había estado supeditado por completo no sólo a unos estándares representativos absolutamente rígidos y conservadores sino a la opresiva bidimensionalidad del lienzo. Hasta el 9 de septiembre.

Imagen: Lynda Benglis pintando el suelo en la Universidad de Rhode Island, 1969. Foto: Henry Grosinsky.