Obra en la que los paisajes del extrarradio de Madrid son el objeto de estudio de las imágenes de esta serie. Su mirada, en palabras de Rosa Olivares, se asemeja a la del cartógrafo. De hecho, al igual que el especialista en trazar mapas, Custance delimita primero el lugar, el área de estudio, el paisaje a representar pero como siempre ocurre con la fotografía artística, su encuadre aporta algo más: la toma de conciencia de la pérdida y transformación de los espacios naturales de nuestro entorno más inmediato, unos espacios literalmente devorados por el incesante avance de las ciudades contemporáneas. Un cambio que no tiene nada de romántico ni de grandioso, pero que solamente mediante el objetivo del artista puede convertirse en algo más que en la crónica de una destrucción recurrente en nuestra cultura.