OPINIÓN

Hay que ver qué poco nos importa Europa. Además, con la crisis sólo encontramos más motivos para quejarnos de la Unión Europea, de sus bancos y de sus leyes… Y es que realmente Europa no es el Banco Europeo ni todos los edificios de oficinas llenos de funcionarios europeos, ni la troika, los hombres de negro (la versión europea del cobrador del frac), Europa es una idea. Y nosotros, todos los europeos, somos hijos del agua y del viento, apenas nada más que una brisa, aunque una brisa fresca y húmeda. Los europeos somos esos personajes que venimos de un pasado lleno de historia y de cultura, que viene a ser esa misma historia pero trasladada a palabras e imágenes y sonidos, que para triunfar nos trasladamos a Asia o a América del Norte y para descansar y divertirnos a Asia y América del Sur, aunque cada vez más esos destinos se entremezclan y ya no sabemos si vamos al sur o al norte, o si viajamos para divertirnos, para triunfar o simplemente para alejarnos de nuestra historia y de nuestro pasado, que viene a ser lo mismo en toda su dolorosa extensión.
La Unión Europea, que quiere y no puede ser sinónimo de Europa, es un acuerdo económico, un tratado mercantil que convierte a Turquía en europea a pesar de la historia, a pesar de la propia Europa. Algo como incluir a Israel en Eurovisión, algo que nunca entendí, y cuya única explicación es que Europa era un lugar abierto de mente y aceptaba a aquellos a los que nadie acepta, y así Israel canta con nosotros en un deplorable evento que parece hecho a la medida de la inteligencia y el gusto de nuestros eurodiputados. Acepta a todos, pero los europeos cada vez nos sentimos más solos. La cultura queda oculta detrás de esos acuerdos comunitarios, de esos trapicheos económicos, de esas figuras penosas como la del antes italiano señor Draghi y hoy nacionalizado en algún paraíso fiscal pagado por dinero americano (Lheman Brothers por medio). La cultura ya no es un emblema ni un símbolo de la Europa actual y mucho menos de la de un futuro dudoso. No existen vínculos entre los artistas, los escritores, los filósofos europeos, que incluso se miran con recelo y a veces con desprecio entre unos y otros. Existe un desconocimiento casi infinito sobre la creación de todo tipo entre unos países y otros, con fronteras cada vez más marcadas por la fuerza económica de un euro que nunca fue uno, sino muchos euros que no pueden fundir formas de vida, formas de pensar, no sólo diferentes sino a veces contradictorias. Porque Europa no es la de la moneda única, sino la de la belleza y el pensamiento, la de los filósofos y viajeros, de los científicos locos y los estudiantes ávidos. Una Europa tan vieja que ya casi no se puede mover. Las transfusiones de sangre joven, de brokers casi toda, no está siendo aceptada por su antes bello cuerpo.
Dicho todo esto, repito: qué poco nos importa Europa. Las elecciones europeas, nadie se cree que su voto sirva para algo más que poner a unos pancistas desconocidos y vagos a cobrar una fortuna por no hacer nada; un retiro, un break de lujo hasta la jubilación. La reubicación política… que poco esperamos de Europa. Realmente vivimos sin pensar en ella, no sentimos ya pertenencia y origen, y eso se debe a que hemos perdido el único nexo que nos vinculaba: la cultura.
¿Dónde está la cultura en los discursos de esos políticos mediocres que quieren que les votemos? No aparece por ninguna grieta de sus discursos, ni en sus aspectos, ni en sus palabras, hechos, ideas, propuestas… nada. Poco a poco Europa será como Babilonia, o mejor aún como Babel, porque tendremos una sola moneda, pero mil idiomas, miles de sueños y deseos que nos alejan de nuestro origen, de nosotros mismos. Seremos una Atlántida inmensa oculta entre miserias y edificios llenos de políticos mediocres. Aquí ya sólo nos queda esperar a un nuevo Cavafis, a algún poeta que cante la muerte de Europa, otra vez, porque su rapto ya se realizó y ahora ha sido vendida como esclava a bajo precio.
Y es que Europa es solo una idea, y los políticos no tienen ni idea de a qué se refiere.

Imagen: Martin de Vos. Detalle de El rapto de Europa, 1590.