OPINIÓN

No sé que diría Magritte si, sentado frente a la televisión o frente a un ordenador, asistiera a la incesante lluvia dorada de la publicidad. Su obra ha sido siempre tomada, retomada, citada, usada y despedazada para mayor gloria de los intereses publicitarios. Seguramente sonreirá en su tumba pensando que, efectivamente, una pipa es una pipa y la reproducción de una pipa es la reproducción de una pipa. Y, como siempre, tiene razón, un gesto creativo es un gesto creativo y una copia es una copia. Pero, ¿qué pasa cuando el que ve la copia no conoce el original? Si cambiásemos el significado de las palabras todo podría ser llamado, y por lo tanto ser, otra cosa. Incluso una pipa podría ser la reproducción de una pipa.


En un relativamente lejano viaje a Bruselas, me asombraba de la aceptación inusitada del arte más actual en una campaña publicitaria de la ciudad. Consistía en un tema relacionado con la recogida de la basura pero la imagen que daba cuerpo a toda la campaña, reproducida en las vallas de la calle, en autobuses, en la publicidad de las revistas, era una fotografía de un cubo de basura en el que se había “tirado” a un hombre con la cabeza hacia dentro y con las piernas rígidas sobresaliendo del cubo, como quien tira una sombrilla. Perfectamente vestido, todo limpio, era obviamente la fotografía que yo conocía y reconocía, una obra de Erwin Wurm, un artista muy conocido… en un sector excesivamente pequeño. Es decir, un desconocido para la gran mayoría. En toda la campaña no existía una referencia al artista, un agradecimiento, un copyright… era un original, no la copia. Solamente porque el espectador desconocía el original la copia se había convertido en original.


Podríamos revisar una ya no tan breve historia de la publicidad plagada de “citas”, “apropiaciones”, copias en definitiva del gesto creativo, del genio del artista, transformado en guiño publicitario, muchas veces perpetrado por otros artistas a su vez. No es un problema de derechos de autor a lo que me refiero, en absoluto. De lo que quiero hablar es de por qué una creación de arte contemporáneo no parece interesar a nadie y cuando se transforma en una imagen mediática que anuncia compresas, te pide que limpies tu ciudad, o cualquier otra cosa, se acepta, gusta, e incluso, se celebra como una idea original y brillante. ¿Qué nos falta a este lado de la realidad para poder cruzar el cristal y ser queridos, compartidos o admirados, por el mundo real?


Recientemente ORLAN, la performer y artista conceptual francesa (muy conocida entre nosotros, este club tan culto al que pertenecemos) ha demandado a Lady Gaga (esa cantante mediocre y feúcha que intenta ser un icono de no sabemos qué) por el videoclip de su último éxito Born this Way. Lady Gaga aparece con las protuberancias que ORLAN se ha construido en su cabeza operación quirúrgica tras operación quirúrgica, y la estética del vídeo en general usa y abusa de la iconología característica de ORLAN. Nadie se había dado cuenta… ¿nadie lo sabía? ORLAN pide 37 millones de euros como compensación. Nos encantaría que ganase un juicio imposible de argumentar, total para una estrella del pop 37 millones no es nada y a ORLAN le solucionaría el día a día. Sería casi una cuestión de justicia poética.
¿Cuánto pediría Vanessa Beecroft si viera los anuncios de compresas en los que se toma su estética para vaciarla de contenido? Pocas cosas cambian de significado de tal manera. Pero son la idea, la forma, el método, la paleta de colores de Beecroft los que definen la campaña de unas compresas en las que un grupo de modelos aparecen semidesnudas con pantys y ropa interior color carne y zapatos de medio tacón, algo que a ningún publicista se le podía ocurrir de no haberlo hecho antes Vanessa Beecroft. Seguramente será mejor usar tampones y dejarnos de historias. Pero el problema, insisto, es: ¿los publicitarios “roban” a los artistas porque creen que nadie se va a enterar? ¿Creen que, total, para que citar algo que nadie va a descubrir, que mejor no dar pistas? ¿No ven los artistas la publicidad ni los videoclips? ¿Hay vida después de la muerte? ¿Esto es una crisis o es un viaje en el tiempo hacia el siglo XIX? ¿El arte tiene futuro o todos acabaremos haciéndole los coros a Lady Gaga?


Imagen: Vanessa Beecroft. NNG, Berlin, 2005.