OPINIÓN

Hace unos días se destacaba en los diarios, a raíz de la dimisión de la directora del Museo Thyssen de Málaga, que Carmen Cervera, viuda de Thyssen, había dicho que el Museo (el Thyssen de Málaga) era suyo y que hacía con él lo que quería, que para eso era suyo. Naturalmente, una frase así en una sociedad acostumbrada a llamar a las cosas de cualquier forma menos con su nombre, y a no decir nunca ni lo que piensa ni lo que siente, ha levantado todo tipo de comentarios. Y es cierto, la baronesa no parece estar al día con las formas sociales a pesar de su noble situación, ni tampoco parece dominar el estilo habitual en la cúpula de la gestión cultural. Pero ese ha sido su único fallo, el no decir sí cuando es no, no sonreír cuando quiere matar. El museo es suyo, vamos, la colección es suya. Parece ser que todos sus cuadros son suyos y que el Estado o el Ayuntamiento de Málaga ponen el edificio y un cuantioso alquiler, pero sin sus cuadros no hay museo, así que, ciertamente, el Museo es, de alguna manera, suyo. Ante la dimisión de la joven e inexperta directora (¿qué esperaba aparte de un buen sueldo?, ¿que de verdad iba a hacer lo que quisiera como si el museo fuera suyo?) todo han sido notas de solidaridad y apoyo… Pero no recuerdo que nadie haya preguntado cómo se la ha nombrado. No recuerdo ningún concurso ni nada parecido.


En cualquier caso, Carmen Cervera ha dejado claro que este museo es suyo y que si quiere ordenarlo por tamaños, colores, épocas u orden alfabético, eso es lo que va a hacer. Y, sinceramente, no veo ni el problema ni la novedad. ¿No es eso lo que hacen prácticamente todos los directores de museos? Con mejor o peor fortuna, cada director hace lo que considera, es decir, lo que quiere, mientras dura su mandato y cobra por ello. Y además, ni uno solo de los cuadros, papeles, documentos… ni nada de lo que hay en el museo lo ha pagado con su propio dinero. Se puede decir que la baronesa Thyssen no tiene un proyecto museológico serio ni de ningún otro tipo, pero yo me pregunto cúal de los directores de los museos de España tiene hoy en día un proyecto, y si lo tiene, porque no lo hemos visto nadie. No hace falta decir que Consuelo Ciscar lleva bastante tiempo dirigiendo el IVAM con ese mismo lema de “el museo es mío” y que además, es bastante menos elegante que Carmen Cervera. En el Reina Sofía, el proyecto museológico también brilla por su ausencia, y los modos de Manuel Borja también son cercanos a esa bonita frase, que se va a poner de moda este verano, de el “museo es mío” y contrato con quien quiero. Los pocos que conocemos ese plan museológico debemos mantener nuestro voto de silencio, que cada vez se parece más a un voto de pobreza, y de seguir así las cosas, se puede llegar a transmutar en un voto de castidad. Pero el público sigue sin saber el porqué de las cosas y a creer cada vez con mayor convencimiento que el museo tal vez no sea del director, pero desde luego, de ellos, de nosotros, de todos los ciudadanos, tampoco. La poca claridad, el juego de pasillos, los nombramientos y “despidos” a gusto del director (como se supone que debe ser en cada museo) no alcanzan el escándalo de la frase de Carmen Cervera, pero eso sólo es porque ellos sí que saben el lenguaje adecuado, las palabras y los gestos, los silencios que lo dicen todo. Ellos sí saben matar sin pestañear, enviando a los allegados, negando y quitando lo que pueden a aquellos que osan mirarles a los ojos.


En fin, perdón, que sí, que aceptamos mansamente que el Museo Thyssen de Málaga sea de Carmen Cervera, el IVAM de Consuelo Ciscar, el Reina Sofía de Manuel Borja, el MACBA de Bartomeu Marí… y admitimos que expongan a quien les guste y nieguen el saludo y el espacio a quienes les molestan. Total, qué más da, estamos acostumbrados a que nadie de explicaciones de lo que se hace con el dinero público.


Ulay (Uwe Laysiepen)
Spanish flag, Schauspielhaus Gendarmenmarkt, serie Berlín Alterimages.