Un gran pasillo de 10 metros guían al observador. Sus muros le protegen del calor. Sólo algunos rayos de luz entran por las celosías creando un ambiente de serenidad. Las instalaciones de Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956)  buscan esto, una experiencia sensorial, un tránsito entre espacios únicos, creados para la reflexión. El Musée de Grenoble acoge varias de estas esculturas de gran formato en las que los elementos, especialmente el agua que siempre ha estado muy presente desde sus comienzos en los ochenta, cobran especial relevancia.

El corredor suspendido.

El corredor suspendido.

Iglesias consigue espacios imaginarios, llenos de connotaciones y referencias, pero bebiendo precisamente de la realidad: un bosque petrificado, desnaturalizado y contrario a las leyes de la naturaleza, una enorme celosía de inspiración arabesca de 300 metros cuadrados cubre a los visitantes en una clara referencia a la historia de España, recreaciones e miniatura de espacios oceánicos (Aquarius III, Puits I) o un pabellón de cristal verde.

Habitación Vegetal

Tras finalizar Química en San Sebastián, Iglesias se traslada a Barcelona donde comienza sus formación en diseño y cerámica. Obtuvo la beca Fullbright en Nueva York, ha sido nombrada profesora de escultura en la Akademie der Bildenden Künste de Munich, ha recibido el premio Nacional de Artes Plásticas en 1999, ha representado a España en dos ocasiones en la Bienal de Venecia (1986, 1993) , en 2012 fue galardonada con el Grosse Kunstpreis Berlin y el pasado año 2015, recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. 

(Cristina Iglesias. Musée Grenoble, Place Lavalette. Desde el 23 de abril hasta el 31 de julio de 2016)