Andrés Isaac Santana

Comisariada por Lillebit Fradraga, La fotografía como intervención del artista cubano Carlos Garaicoa, resulta una excelente muestra que permite un recorrido enjundioso por los múltiples trayectos de lo fotográfico dentro del trabajo multidisciplinar de este hacedor de robustas y elocuentes metáforas. Creo, sin temor a equivocarme, que pocos artistas contemporáneos pueden hacer alarde de una obra tan sofisticada, en la que los elementos formales y los órdenes conceptuales, copulen con altísimo grado de eficacia y de pertinencia, creando un texto cubista que demanda de una exégesis aguda a la hora de comprender la complejidad de su sintaxis y el montaje de todos sus recursos.

La selección propuesta por las comisaria cubana, orquestada sobre el trabajo producido en los últimos veinte años, no hace más que poner en evidencia los paradigmas de ese “código promiscuo” que desde siempre ha permeado “el hacer” de Carlos Garaicoa. Más que advertir un perfil reduccionista que nos revele su identidad como fotógrafo, la muestra pone de manifiestos los distintos modos lingüísticos y las estrategias de insinuación (de repliegue y de arbitraje) que emplea el artista en el trato directo con el soporte fotográfico, entendido más como medio de exploración que como un fin en sí mismo. Documental y ficción alternan, en el contexto de esta muestra, con extrema permutabilidad y pericia sugiriendo la vulnerabilidad y aleatoriedad de los límites de ambos. Aquí, toda noción de realidad es subvertida en el afán de crear nuevos registros textuales que demandan una lectura audaz por parte del espectador que accede a este tipo de obra. Lo fotográfico, por tanto, no busca el registro según el procedimiento tradicional al uso. En su defecto, especula sobre la realidad alterando -así- sus signos más evidentes y fundando escrituras que pulsan hasta el límite las variaciones ontológicas del concepto mismo de reproducción y de reflejo que resultan caros al discurso fotográfico.

El conjunto de estas piezas, reunidas todas bajo el sugestivo título de La fotografía como intervención, habla sobre la capacidad de la imagen para transformar universos culturales atravesados por ideologías dominantes que imponen sus abecedarios sobre los perfiles urbanos y arquitectónicos. Desde sus primeras obras, cuando aún era estudiante, hasta las más recientes -tal cual advierte esta espléndida muestra-, se puede corroborar una posición estética que hace la suerte tesis de todo su quehacer: el entendimiento de que el arte es solo un proceso de investigación y de intervención capaz de movilizar cierta zona del consenso donde se articulan los imaginarios colectivos. Su trabajo, por ello, tiene siempre ese sabor de ensayo, de prueba, de hipótesis de lo real, de especulación y confabulación respecto de las fuentes que manipula y expone en el contexto expandido de una poética que reclama para sí el concurso de infinitas herramientas a la hora de desmontar, si cabe, su prefiguración semiótica.

Imagen: Carlos Garaicoa. Aire, 1996. Cortesía del artista y VEGAP, Madrid 2012.