Un azul intenso puede provocar escalofríos y la calidez del rojo es innegable. A partir de esta relación sencilla y bien conocida entre color y sensación térmica, se demuestra que los colores pueden inducir distintos tipos de impresiones al espectador, desde miseria y nostalgia hasta pasión y cólera. Del mismo modo, las formas con las que se retratan los elementos de la realidad, pueden reflejar diversas percepciones. Se crea un lenguaje estético a través del cual manifestar sentimientos y emociones. En esta interpretación libre, en esta deformación emotiva de lo real, nos adentra el pincel de Ernst Ludwig Kirchner en la exposición antológica del artista organizada por la Fundación Mapfre. Esta muestra, comisariada por Karin Schick y María Luisa Barrio, se divide en cinco secciones históricas que describen la evolución del estilo del artista así como del expresionismo alemán. La primera Dresde. Años tempranos la creación de Brücke (1905-1911) señala las tentativas iniciales del artista con las artes liberales, el dinamismo de las pinceladas y los colores fuertes. Expresionismo en Berlín (1911-1915) muestra obras con un estilo claramente afectado por el ambiente bélico; líneas negras y trazos bruscos. La tercera sección, Tiempo de crisis (1915-1917) describe una etapa de creación marcada por la delicada salud del artista; llega a retratar a sus médicos y cuidadores. La naturaleza y el ambiente rural de Davos y Stafelalp, en Suiza, inspiran sus obras de Primeros años en Davos (1917-1925). Abstracciones: Davos, (1925-1938) es la última etapa del recorrido retrospectivo de Kirchner, en el que la abstracción encuentra su lugar entre sus obras, tendencia artística con la que se despide antes de suicidarse en 1938. Hasta el 2 de septiembre se podrán ver las 153 obras que componen la muestra, cedidas por una diversidad de museos y colecciones privadas.

Imagen: Ernst Ludwig Kirchner. Toilette. Mujer ante espejo, 1913-1920. Centro Pompidou, París.