Juan Canela

En estos tiempos de recortes presupuestarios, los museos mueven sus almacenes con frecuencia, haciendo relecturas y proponiendo discursos sobre las obras de sus colecciones. Lo cual no tiene por qué ser una carencia, si se es imaginativo y se investigan maneras de elaborar proyectos sólidos y apetecibles. Al fin y al cabo, una de las razones de que dichas colecciones existan es que se trabaje sobre ellas y el público tenga ocasión de disfrutarlas. Ahora el MACBA presenta Episodios críticos (1957-2011), una presentación de su colección (fusionada hace un par de años con la de La Caixa) que se despliega ocupando la mayor parte de las salas del museo a través de seis episodios que mantienen cierta autonomía de lectura. Los distintos bloques temáticos articulan un recorrido que sugiere algunos antecedentes de la actual crisis sistémica, desarrollando la idea de que a partir de los años sesenta el arte contemporáneo se asocia con crisis periódicas, y perfilando posibles recorridos por ciertos momentos clave de la historia reciente.

De esta manera, Fisuras se acerca a formas de subjetividad que pueden quedar normalmente descuidadas u olvidadas. Contaminados del espíritu punk de los setenta, artistas como Erick Beltrán, Anne-Lise Coste, Paul McCarthy, Matt Mullican, Raymond Pettibon y Oriol Vilapuig hacen evidente que el fragmento, el silencio y el desorden son elementos básicos a la hora de moldearnos como sujetos, cuestionando a la vez los procesos de aprendizaje y los modelos sociales interiorizados. Voyeurismo, fetichismo y narcisismo se adentra en la nueva forma de mirar que nace consecuencia de las convenciones narrativas derivadas del cine y la pantalla. Los trabajos de Dan Graham, Dara Birnbaum, Jeff Wall, David Lamelas, Judith Barry, Lara Almarcegui y Cyprien Gaillard ponen de manifiesto esos nuevos hábitos con los que interpretamos la realidad. En Hay que huir del contenido como de una plaga las obras de Robert Rauschenberg, Antoni Tàpies, Raymond Hains, y Art & Language, entre otros, hacen evidente como en un momento dado a partir de la interrogación de la pintura moderna se avanza hacia unas prácticas artísticas que proponen un esfuerzo colectivo para comprender el mundo contemporáneo. El arte de la primera globalización elabora una mirada a la construcción de lo que se conoce como sistema global a través de trabajos de artistas como Marcel Broodthaers, Öyvind Fahlström, Hans Haacke, Miralda y Hélio Oiticica que ya en los años sesenta y setenta se adelantan al modelo. Y en la misma línea Trabajo, poder y control se centra en el trabajo y sus valores asociados con el capitalismo avanzado. A través de las instalaciones de Allan Sekula, Andreas Siekmann y Krzysztof Wodiczko entre otros se genera una reflexión sobre los cambios producidos en las formas de vida postindustriales y el trabajo inmaterial. Por último, Déconnage recupera la figura del Francesc Tosquelles en el centenario de su nacimiento, que desde el exilio francés fue referente de la antipsiquiatría y sirvió de anclaje a pensadores como Félix Guattari y Gilles Deleuze.

Los distintos recorridos proponen reflexiones sobre ciertos hitos y procesos históricos que sin duda mantienen vínculos con la actual situación, lo cual es muy pertinente. La relectura de estos (y otros) momentos pasados pueden ser útiles a la hora de entender lo que sucede hoy, y por qué no, para poder imaginar otros posibles futuros, algo que está empezando a ser urgente.

Imagen: Hans Haacke. Condensation Cube, 1965. © Hans Haacke, VEGAP, Barcelona