VOCES

  • Garry Winogrand. Detalle de la serie Woman are beautiful.
  • Entrevista con Lola Garrido, coleccionista: “La memoria no guarda películas, guarda fotografías”

Con la frase de Milan Kundera, una de las favoritas de Lola Garrido, empezamos la charla con una de esas expertas que casi siempre están detrás del escenario. Su labor en el mundo de la fotografía en España ha sido no solo brillante, sino elegante. Coleccionista es su penúltimo rol en este escenario. Tiene -según ella- muchas fotos, quizás demasiadas, divididas en tres grupos: Una breve historia de la fotografía, Women beautiful y About Fashion. Ella fue la creadora de la colección de fotografías de Banesto, que ahora está en el fondo del Reina Sofía. Parte de su colección sobre moda está expuesta en el Museo Balenciaga en el País Vasco y en los últimos meses en diversos museos de Rusia, Italia y otros países se han podido ver otras partes de sus colecciones. Conocedora del arte y del mercado, y por supuesto del mercado del arte, algo que sin duda ayuda a definir su actitud no solo en el arte sino también en la vida. Pero no se decide a valorar toda su colección, aunque seguramente terminará vendiéndola. De todas las fotos que alguna vez ha comprado, la más cara fue un Man Ray y la más barata un Cartier-Bresson que se lo regaló el artista porque no pudo comprarlo en subasta.

Rosa Olivares: ¿Cuál es la primera fotografía que compras y por qué? ¿Te planteabas una colección estructurada desde el principio o era simplemente una afición que se prolonga en el tiempo?

Lola Garrido: La primera fotografía fue un Kerstez y la verdad es que ya antes había estado fascinada por varias fotografías, nunca me planteé una colección estructurada -ya que yo soy desestructurada- lo que ocurre es que una fotografía tira de otra y si tienes posibilidades terminas dando una estructura a lo que no tiene. Eso es cuando el dinero te permite olvidar los errores y repetir con acierto. Siempre he pensado que el mejor bussines plan es tener dinero por si la empresa te sale mal. No era mi caso. En principio me fascinaba casi todo y terminé por adquirir algunas cosas bastante mediocres.

 R.O. En tu colección abunda la foto en blanco y negro, una fotografía más clásica, sin grandísimos formatos, con nombres importantes ya tradicionales de la historia de la fotografía. ¿No te interesan los nuevos nombres, ni la foto más actual?

L.G. El formato grande es para casas grandes y tienes que tener unos almacenes…, insisto en lo que digo: los grandes coleccionistas hacen grandes colecciones y compran contemporáneo porque las galerías invierten en desarrollar la fama de los artistas. Yo compré clásicos porque en principio siempre me gustaron, sus formatos no tenían necesidad de ser más grandes y por otro lado hablar desde la raíces es una forma bastante importante de no irse por las ramas. Tengo algunas fotos contemporáneas, pero mis favoritas son las de Stieglitz, Steichen, Robert Frank, Man Ray, Lisette Model, Diane Arbus, me gusta lo oscuro.

Man Ray. La mode au Congo,1937

R.O. ¿Comprar por afición, por inversión, por obsesión….?

L.G. Primero por diversión, luego por obsesión y cuando te das cuenta por inversión, porque es lo que los economistas llaman la economía del goce. Tienes algo que te gusta, lo ves cuando quieres y si es bueno es mejor que cualquier otra inversión. Yo siempre creí que era una forma de plan de inversiones para mi jubilación y de momento veo que puede serlo. Los bancos para los banqueros, que son los que manejan el mundo. El mío me lo manejo yo.

R.O. ¿Qué diferencia hay entre una colección personal como la tuya, y una colección institucional, tal vez como la de Banesto, pero desde luego como la que pueda hacer un museo?

L.G.- La diferencia que da la libertad, no de equivocarte porque ya hemos visto que en las institucionales se confunden -que no equivocan- mucho. Comprar para uno mismo es para mi la forma de utilizar tú dinero y no el de otros. Las grandes colecciones compran a las grandes galerías o a las top- radical-chic en muchos casos. A su vez los clientes de esas galerías son patronos de Museos. Y así se forma lo que yo llamo “La trilateral del Gusto” que es más o menos el otro Bildeberg Club.

Yo hice la colección Banesto con una honestidad brutal, compré solo aquello que pensaba que merecía la pena. Busqué siempre en dejar unas fotografías que fuesen lo suficientemente sencillas y complejas para poder seguir la colección por diversos géneros y épocas. Compré las que sabía que eran fundamentales y que si no se compraban en ese momentos los precios se dispararían. Acerté en muchas, ojalá me las hubiera podido comprar yo.

La coleccionista Lola Garrido

La coleccionista Lola Garrido

R.O. ¿Crees que el mercado del arte actual favorece o dificulta la creación de colecciones privadas como la tuya?

L.G. Creo que el mundo se ha complicado tanto que es casi imposible que una persona sin gran patrimonio tenga el valor de comprar por placer y hacer una colección. No tengo hijos ni herederos así que puedo dedicar lo que tengo a mis únicos placeres. Por otro lado ya hace tiempo que he parado de comprar. Me interesa en este momento más ver que poseer.

R.O. ¿Cuándo se cierra una colección, cuando sabes que ese capítulo está cerrado?

L.G. Cuando no estás pendiente de lo que digan o piensen. En mi caso paré porque las cuatro fotos que me interesaban para introducir dentro de la lectura de mi colección no estaban a mi alcance. Además no sufrí nada por ello.