VOCES

  • Juan Manuel Castro Prieto. Equilibrio inestable (work in progress).
  • Entrevista con Juan Manuel Castro Prieto, Premio Nacional de Fotografía 2015

Juan Manuel Castro Prieto es el reciente ganador del Premio Nacional de Fotografía de 2015. Sin duda estamos ante un referente de la fotografía española, un fotógrafo por afición, autodidacta y al que la verdadera pasión por la fotografía le ha marcado los pasos a seguir desde sus inicios en 1977 hasta hoy. Su entrada en la Real Sociedad Fotográfica, donde conocería a Gerardo Vielba, Gabriel Cualladó, Paco Gómez y Javier Dolcet, fue un punto esencial en su carrera. En su viaje a Perú en 1990, con Juan Manuel Díaz Burgos, profundiza en la obra de Martín Chambi y así comienza una obra apegada al viaje, a la mirada sobre lo exótico, lo diferente, otros mundos y otras realidades. Por sus manos han pasado las fotografías de todos los grandes fotógrafos españoles, ahora él es uno de ellos.

Ana J. Revuelta: Sus primeros pasos en la fotografía comienzan en 1977 ¿Cómo surge la primera aproximación a la fotografía? ¿Qué motiva sus primeras fotografías?

Juan Manuel Castro Prieto: Recuerdo que en la casa de mis padres, en la habitación donde vivíamos, había un pequeño agujero en una puerta. Cuando nos echábamos la siesta, se convertía en una cámara oscura, algo mágico para un niño de 7 u 8 años. Pero no entendía por qué veía el exterior pero invertido. A partir de ahí, siempre soñaba con comprarme una cámara para registrar lo que estaba viendo. Empecé en el año 77 de una manera totalmente autodidacta y fui buscando los lugares para aprender fotografía. No puedo decir que haya tenido un maestro, aunque sí influencias como la llamada Escuela de Madrid, Gerardo Villalba, Paco Gómez con los que charlábamos en la Real Sociedad Fotográfica. Eso me ha llevado a tropezar con todas las piedras, consiguiendo un buen soporte técnico pero también perdiendo mucho tiempo. Además, apenas había escuelas de fotografía, salvo el Fotocentro con Aurora Fierro. Sin embargo, me considero fotógrafo a partir del momento en el que comienzo con un proyecto artístico en el año 83, cuando comienzo con un trabajo planificado, pensando en lo que estoy haciendo. Comienzo como toda mi generación de aquella época intentando hacer fotografías bellas pero llega un punto en el que eso no tiene ningún sentido. Comienzo a plantearme proyectos definidos, a tener concepto. En el año 90, monto el laboratorio, que parte de Martin Chambi.

Retrato del fotógrafo Juan Manuel Castro Prieto.

A.J.R. En 1990 viajó a Perú para positivar las fotografías del maestro peruano Martín Chambi. ¿Qué influencia tuvo el fotógrafo peruano en su obra?

J.M.C.P. Cuando yo hago ese viaje, ya llevo 13 años siendo fotógrafo pero supone un antes y un después en mi carrera porque empiezo a viajar a Perú, decido montar mi laboratorio y comienzo el proyecto de Perú. Viaje al sol (1990-2000). Aunque este proyecto se entendió mal porque realmente apenas hay referencias a Martin Chambi, más adelante sí le hice un homenaje en Tras la huella de Chambi. Martin Chambi. Castro Prieto donde ya sigo sus pasos, fotografiando los mismos sitios y temas también con una cámara de placas. Intento responder a dos preguntas: la primera es cómo ha cambiado la fotografía, por ejemplo del blanco y negro al color, en estos 80 años entre M. Chambi y yo; y la segunda pregunta es cómo ha cambiado la sociedad.

A.J.R. En la fotografía de Martin Chambi, ¿hay alguna relación con el indigenismo?

J.M.C.P. En mi opinión, Martin Chambi no era militante indigenista porque su fotografía no tenía la intención de poner al indígena en el lugar que le correspondía de la sociedad. Aunque sí está claro que tenía un concepto extraordinario de su raza, que la defendía y valoraba en su constante representación los indígenas y la cultura autóctona. De hecho, se le ha llegado a reprochar ser más combativo, más guerrero. En mi caso, no he ido buscando la crítica social pero sí la fricción entre la cultura occidental y las culturas autóctonas como hice también en Etiopía. Mientras que en Perú la cultura occidental está integrada y apenas quedan reminiscencias de la cultura autóctona, todavía se aprecia en mis fotografías de Etiopía.

A.J.R. ¿Considera que el reportaje impone una mirada hacia lo indígena o lo local o lo exótico en lugar de darles voz propia?

J.M.C.P. Yo no tengo intención de reportero ni de trasladar estereotipos. En el trabajo de Perú, voy buscando la vida corriente y la gente normal que, aunque yo la cambie y manipule las imágenes, siempre lo hago desde el respeto, que es el límite que se tiene que poner como autor. Aunque no todos los compañeros lo tengan, la gran mayoría de la fotografía documental sí está bien planteada y da voz a los otros.

Juan Manuel Castro Prieto, Extraños, 1983 – 2003.

A.J.R. En 2015 recibe el Premio Nacional de Fotografía. ¿Qué opina del gran interés por la fotografía actualmente en España y su futuro? ¿y de la epidemia de foto-libros?

J.M.C.P. Me entristece un poco que haya tantos aficionados a la fotografía y gente que quiera contar con este medio. El problema es que miran hacia fuera y hay una serie de tendencias que imitan, por ejemplo los Antoine D´Agata, los Struth Candida Höfer, los Francesca Woodman o los Martin Parr. Los seguidores de estas tendencias no aportan nada nuevo. Por muy buenas que sean, ya está hecho. Este es uno de los problemas que observo aquí en España, pero también cuando salgo. Es excepcional encontrarse algún autor que tiene voz propia, que realmente profundiza y aporta algo. En cuanto al auge de los fotolibros, sucede lo mismo en Chile por ejemplo. La necesidad de mostrar el trabajo fotográfico en forma de libro satisface la prisa, porque cada año hay nuevas generaciones de fotógrafos que vienen empujando. Eso me inquieta porque yo tardé 21 años en sacar mi primer libro, 11 años en Perú viaje al sol, 20 años en sacar Extraños son 20 años y 6 en Etiopía. No me interesa un trabajo rápido. Aunque los fotolibros puedan tener talento, carecen de la profundidad de un proyecto duradero. Otro problema que veo a los libros autoeditados es la difusión, que depende de que algún gurú te saque del anonimato. Aunque ningún medio de difusión es sencillo hoy en día porque ni siquiera los grandes expertos pueden conocer todo lo que se hace en el mundo. Por ejemplo, incluso Christian Caujolle que tiene un saber fotográfico enciclopédico, no puede asumir toda la fotografía que se hace en todo el mundo. Hay demasiado y demasiados, por lo que llega un punto en el que te saturas. No sé cómo va a evolucionar pero sí sé que lo importante es sacar adelante el trabajo, independientemente del éxito. De hecho, tengo proyectos que no van a ver la luz nunca aunque están terminados y otros que no me va a dar tiempo a terminar. No pasa nada.

A.J.R. Por esos proyectos quería preguntar. Suele trabajar en varios proyectos simultáneos y a muy largo plazo, ¿en cual se encuentra inmerso y cuál se quedará en el tintero?

J.M.C.P. Actualmente, el más importante es Caín, que es la evolución de mi libro más autobiográfico que es Extraños, un trabajo en el que me reflejo y me cuento a mi mismo. Un trabajo personal y abierto que el observador debe poner de su parte e incorporar su experiencia para rellenar los huecos. Se convierte, no ya en un retrato autobiográfico mío sino del propio espectador. Se alimenta de todo mi trabajo porque no es un proyecto en sí mismo sino una destilación de otros trabajos, que me ha llevado unos 31 años, desde que descubrí la importancia de la literatura y del concepto y me convertí en fotógrafo en el año 83. Desde que sale a la luz Extraños en 2003, me doy cuenta de que el proyecto ha cambiado, al igual que yo. De los temas fundamentales que son la infancia como generadora de personalidad, el espacio personal, el sexo como articulador de la vida y la muerte y la propia muerte, Caín se centra únicamente en la religión y la muerte –aunque sea agnóstico-. Mientras que Extraños es la parte más ajena dentro de mi mismo, una catarsis para curar mis grandes miedos y obsesiones, su evolución en Caín es una Ordalía, un juicio final, una visión más pesimista, mucho más negra. El proyecto que no terminaré nunca, trata justo del momento anterior a esa ruptura del equilibrio. Equilibrio inestable cuenta la vida ordinaria en la que todo va bien pero hay algo que está a punto de romperse, unas fotografías muy complicadas de encontrar porque no se pueden forzar.