VOCES

  • Manuel Segade, © Pedro Agustín Álvarez

Manuel Segade (A Coruña, Galicia, 1977) es el director del centro de arte CA2M, de la Autonomía de Madrid en Móstoles, realmente el único museo/centro de arte contemporáneo dependiente de la Autonomía en toda la Comunidad de Madrid. Pero Manuel Segade es también el comisario de la representación española en la Bienal de Venecia de este año, que se inaugura este mes de mayo, con el proyecto de Jordi Colomer Join Us! (¡Unete!). Segade parece que promete ser una estrella que brilla para todos: trabajador, responsable (de esos escasos directores que contestan los emails, por ejemplo), amigo del trabajo en equipo, teórico a pie de tierra… Representa una nueva generación de directores de museos, que como él mismo ha dicho en alguna ocasión buscan “una institucionalidad baja” y plantean una relación con los artistas más cercana, a veces al límite de la propia colaboración artística. En esta nueva etapa el artista lo es todo, o casi. Pero Segade viene con un currículo largo: Centro Galego de Arte Contemporáneo de Santiago de Compostela, entre 2007 y 2009; ha realizado proyectos en diversas instituciones españolas como la Fundació Joan Miró, de Barcelona; La Casa Encendida, Feria ARCO y el mismo Centro de Arte Dos de Mayo, en Madrid; el MUSAC, de León; y el Centro de Arte La Panera, en Lérida. Fuera de España, fue curador para el Pavillon Vendôme y Kadist Foundation, ambas en Francia; la Bienal de Cuenca, en Ecuador; la Feria ArteBA, de Buenos Aires; y el Centro de Arte TENT, en Róterdam. El doblete entre Móstoles y Venecia es su personal prueba de madurez, la caza del león apenas con una lanza.

Rosa Olivares: Según el proceso de selección para la representación española en la Bienal de Venecia, parecería que el seleccionado es el artista, Jordi Colomer en este caso, y que es él quien elige a su comisario… ¿esto es así? ¿o el proyecto que presentó Jordi ya estaba trabajado por los dos?

Manuel Segade: El proceso comenzó a partir de una selección previa realizada por un comité de expertos. Fue entonces cuando Jordi me propuso ser su comisario para pensar y preparar un proyecto que elaboramos durante el verano y presentamos a comienzos del pasado septiembre. AECID seleccionó nuestra propuesta conjunta el 14 de octubre.

R.O. Hace años el comisariado de la Bienal y de todas las representaciones artísticas fuera de España se encargaban a comisarios “independientes”, es decir, sin un trabajo fijo, sin embargo desde hace un tiempo estos encargos caen sistemáticamente en directores de los museos más destacados del Estado. ¿Crees que es algo casual, que ya todos los comisarios están colocados en museos o que es una forma de asegurarse el apoyo de todo el mundo?

Segade y Colomer, © Carolina Olivares

M.S. Claramente no responde a un plan estratégico: los dos comisarios de los dos últimos pabellones, Octavio Zaya y Martí Manen, eran independientes. En nuestro caso, más que una cuestión de agenda fue una cuestión relacional y afectiva: Jordi y yo nos conocemos desde hace años y tuve la oportunidad de trabajar con él para dos exposiciones colectivas, La qüestió del paradigma en La Panera de Lleida y Haber hecho un lugar donde los artistas tengan derecho a equivocarse en la Fundació Joan Miró de Barcelona. Hace unos años, cuando yo estaba en París, Jordi vivía muy cerca y entonces comenzamos a vernos con cierta regularidad y comentamos en varias ocasiones que era el momento de que le propusiesen hacer un Pabellón español o catalán. Así que cuando se lo ofrecieron, me lo propuso.

Ahí empieza el razonamiento sobre la compatibilidad con mi cargo. He de decir que estar en un puesto institucional podría entenderse como una garantía de capacidad de gestión de cara al proyecto, pero significa también un enorme esfuerzo personal. Contar con el apoyo en esto de la Comunidad de Madrid ha sido crucial y también con el equipo del CA2M.

Ahora bien, también diría que en otros contextos, donde la independencia no tiene el valor que le damos en nuestra escena española, esta compatibilidad es lo habitual: por ejemplo, la misma comisaria general de la Biennale este año es comisaria de plantilla en el Centre Pompidou…

R.O. En esta ocasión parece que todos estamos felices con el tándem Colomer/Segade, y que finalmente se le reconoce oficialmente su importancia real a un artista como Jordi Colomer, alejado de las grandes expos monográficas en el Reina Sofía, (mientras que en el 2008 la Galerie Nationale du Jeu de Paume de París le dedicó una importante exposición retrospectiva), que todavía no ha ganado el Premio Nacional… ¿Qué pasa en España para que no lleguemos nunca a reconocer a nuestros artistas a tiempo? Aunque supongo que a partir de aquí se le abrirán las puertas a la fama local, algo que en su generación es casi un milagro.

M.S. Esta es una pregunta difícil, Rosa. Por un lado, me tienta relativizar la importancia de un evento internacional de estas características: no creo que los artistas de los años anteriores hayan mejorado sustancialmente su calidad de vida a partir de su presentación en Venecia. Desgraciadamente, la exposición pública y la presencia en medios generalistas no garantiza que se multipliquen las posibilidades de trabajo. Por otro lado, creo también que siempre hay presencias importantes fuera. En la Documenta de este verano tenemos a Paul Preciado, a Roger Bernat, a Daniel García Andújar, a Israel Galván, Pedro G. Romero y el Niño de Elche. Todos pertenecen a una generación no tan lejana de la de Jordi… El meollo del asunto, en mi criterio, es generar apoyo continuado en todas las capas posibles.

R.O. ¿Qué responsabilidad tienen las instituciones culturales españolas para que sus artistas no sean reconocidos internacionalmente, o es solamente un asunto de mercado?

M.S. Sólo puedo responder hablando de cómo entendemos nuestra responsabilidad en el Centro de Arte Dos de Mayo, donde claramente apoyamos una revisión de lo local que permita articular una escena con respecto al de afuera: tenemos a nombres como Griselda Pollock o Kathryn Weir escribiendo sobre Cabello / Carceller para su primera publicación retrospectiva, que esperamos que sea una buena herramienta a largo plazo para la comprensión internacional de su trabajo; la visibilidad de la pieza de Sergio Prego que hemos producido después de la Acupuntura de Andrés Jaque ha sido muy grande; al tiempo, acabamos de inaugurar, junto con Tabakalera San Sebastián, una exposición retrospectiva de Itziar Okariz en la Kunsthaus de Basilea, que permitirá una gran visibilidad para ella durante la feria más importante del mundo; ahora vamos a inaugurar una exposición que permite entender en clave de historia de las exposiciones en España las dos primeras que en su día realizó Miguel Trillo y también recuperamos el archivo de uno de los espacios independientes con mayor trayectoria de la contemporaneidad madrileña, el Espacio P. Creo que el esfuerzo para generar visibilidad tiene que tener sus bases en una construcción colectiva, un esfuerzo desde la crítica, la historia del arte, el comisariado y el intercambio institucional. Y esto sólo desde las exposiciones: el proyecto educativo del centro trabaja para inventar nuevos públicos, aprender de sus usos, incorporar cuerpos nuevos al museo…; en actividades se generan fórmulas inéditas, espacios de libertad y experimentación que permitan a los artistas locales investigar sobre sus formatos de recepción pública; nuestra nueva escuelita pretende abrir espacio a debates teóricos con importancia internacional; el trabajo continuado con la Colección, a nivel de investigación con el DIDDCC o en su visibilidad pública permite también otras formas de visibilidad precisamente interrelacionada con la esfera internacional… Es decir: la responsabilidad es total y lo es en cada uno de los departamentos de un centro.

R.O. Y ya sí, finalmente: ¿puede contarnos el proyecto que nos representa este año en la Bienal de Venecia?

Join Us!, © Claudio Franzini

M.S. ¡Únete! Join Us! es un proyecto pensado y producido específicamente para el Pabellón español que narra a través de una serie de instalaciones de vídeo, con objetos escultóricos y estructuras arquitectónicas, las acciones de una comunidad en desplazamiento, un movimiento singular que viene a reivindicar su condición nómada como forma de ciudadanía. Sus acciones están dirigidas por tres mujeres: la actriz Laura Weismahr, la cantante y poeta Lydia Lunch y la bailarina y empleada de banco Anita Deb, intercambiando relatos, gestos, performatividades, en un desplazamiento uniformado y a la vez caótico que remite al imaginario del extrarradio, de la modernidad vernácula, de la potencialidad de un común entendido como errancia. La circulación de imaginarios y de tradiciones a lo largo de los espacios geográficos que visitan –Nashville, Atenas, Barcelona…– permiten que los relatos se entrelacen en una narrativa abierta, con elementos formales y plásticos que los aglutinan, como un cacharro pavillonario que se desplaza con ellos o la mascota del movimiento que preside una de sus acciones. En la instalación, el espacio del Pabellón se organiza a través de un sistema de gradas y pantallas a medio camino entre el mobiliario urbano y la escultura, que permitirán que los visitantes se sumen a la exposición, al modo de un teatro en el que los límites entre la representación y la realidad se hayan disuelto. Por eso el título se dirige a cada visitante como un imperativo: esperando su adhesión.