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  • Francesc Torres. What Does History Know Of Nail Biting? , 2015.
  • Entrevista a Francesc Torres: “Los artistas no están obligados a ser la conciencia crítica de la sociedad”

Hablar con Francesc Torres (Barcelona, 1948) o leerle, se convierte en un proceso de aprendizaje y de entendimiento de la vida y del arte, que de alguna manera vienen a ser una sola cosa. En su trabajo se respira la preocupación por la lucha cotidiana por sobrevivir, el análisis de la historia y la incomprensión de tanta injusticia y violencia. Las máquinas, como si fuera un artista futurista, le siguen enamorando, el hombre le sigue interesando y la historia, que fluye en cada minuto, conforman la materia de su obra, la razón de trabajo y la justificación de su pensamiento. Esta es nuestra cuarta entrevista, podría decir que estoy especializada en Francesc Torres.

Rosa Olivares: Hace tiempo que en tu trabajo tocas aspectos de la violencia, la guerra, la memoria histórica … los restos del naufragio. ¿Crees que los artistas están obligados, de alguna manera, a considerar estos aspectos de la sociedad en la que viven en su trabajo artístico? O tal vez con la actitud personal como ciudadanos es suficiente. Al carpintero, al decorador, al artesano, no se le pide que politice su actividad, ¿por qué al intelectual si se le exige?

Francesc Torres: No, los artistas no están obligados a ser la conciencia crítica de la sociedad, en absoluto. Lo son si quieren, como cualquier otro ciudadano. Nada debe hacerse por obligación ¡menudo palo!. Por necesidad quizá, pero aún así es un mal asunto. Yo puedo contestar sólo a título personal y sucede lo siguiente: a mi me interesa el arte a muerte pero como actividad, no como problema. Los problemas artísticos no son reales, son inventados en el mejor sentido de la palabra, para poder ser resueltos. Son un juego. Lo que me hace pensar no es eso. Lo que me activa intelectualmente y me lleva a hacerme preguntas como ser humano es el mundo en el que vivo, y que a pesar de los años que llevo en él, que ya son unos cuantos, sigo sin comprender del todo.

Francesc Torres.

Francesc Torres.

No deja de ser el enigma y pregunta clásicos ¿qué hacemos aquí, de dónde venimos, hacia dónde vamos? pero pasados por el tamiz de lo social e ideológico como otros, en otros momentos, lo han pasado por el tamiz de la religión que también es ideología. Como se da la circunstancia de que soy artista mis intereses intelectuales se acaban sedimentando de una manera natural en la obra. Es un proceso totalmente fluido, no forzado. Incluso en mi etapa conceptual de juventud lo que hacía era con la plena consciencia de su componente político siempre y cuando lo estuviera realizando en la España de Franco. Era mi constructivismo ruso, valga la analogía tomada por los pelos. Cuando llegué a Estados Unidos dejé el conceptual y empecé a trabajar con arte narrativo de contenido social, político e histórico. En España esto hubiera sido imposible al faltar la distancia emocional necesaria para hacerlo con la cabeza fría.

R.O: El Realismo Socialista nos enseñó qué es lo que no se debe hacer para que la política o lo político no acabe con la obra, ¿el arte actual sabe cómo integrar la idea de protesta social sin destruir su obra artística, o tal vez ante ese miedo deciden no actuar?

F.T: Vamos a ver. Lo que hace que una obra de arte sea “buena” (esto es como la pornografía, que la reconoces enseguida al verla pero si tienes que explicarla ya no es tan fácil), no es su contenido por más noble que sea. Lo que constituye el mérito de una obra es la habilidad con la que sus contenidos han sido articulados mediante los lenguajes estéticos propios del arte. Al final de la calle siempre está la estética, incluso cuando no se persigue voluntariamente. No hay ningún artista que deliberadamente haga un petardo para no contaminar con moñerías artísticas la pureza ideológica de sus contenidos, a menos que sea tonto, claro. Hay que hacer lo que el artista busca y transformar en “estético” lo que no lo parece o no lo era antes de ser tocado. ¿Basquiat no es bello o carece de estética? ¡Ya lo creo que lo es en ambos frentes! Lo es todo menos pompier. Si el contenido es relevante como tal, mejor, pero allí no está el arte. Resumiendo, creo sin ningún género de duda que es posible andar y mascar chicle al mismo tiempo. Una artista de raza hará arte haciendo lo que sea importante para ella, de la misma manera que un escritor de raza hará siempre literatura aunque sea hablando de drogas y miseria como Burroughs, por ejemplo. Como diría Duchamp este es un problema que no tiene solución porque empieza por no haber problema. Y ya que se ha citado el Realismo Socialista, lo hay de gran calidad si lo consideramos pintura representacional, figurativa, y dejamos la ideología en el terreno que le corresponde. A mí me parece que lo que hace Antonio López es realismo socialista pasado por la sacristía, valga la expresión.

R.O: Hace mucho tiempo que de vez en cuando nos preguntamos ¿para qué sirve el arte? ¿has encontrado alguna respuesta en relación con los desastres que la realidad social nos arroja cada día encima: refugiados, guerras, terrorismo, abusos de poder…? ¿Crees que el arte realmente sirve para algo?

F.T: Para algo tiene que servir si llevamos 35.000 años haciéndolo, digo yo… Su utilidad más allá de la decoración de los espacios de poder –que ha sido lo más conspicuo de nuestra profesión durante milenios– no se entiende desde “dentro” del arte. Hay que entenderlo desde “fuera”, desde otras disciplinas, como la antropología o las ciencias cognitivas. Entonces queda bastante claro, me parece a mi. Si partimos de la base que hace un día y medio que somos científicos, desde un punto de vista evolutivo e histórico, el único sistema de conocimiento durante casi toda nuestra existencia como especie en la tierra, a partir del momento que nuestro cerebro nos lo ha permitido, ha sido mediante el comportamiento simbólico, la manipulación simbólica de la realidad para explicarla, aprehenderla y de alguna manera controlarla.

FRANCESC TORRES. What Does History Know Of Nail Biting?, 2015

What Does History Know Of Nail Biting?, 2015

No se puede sobrevivir al nivel más básico sin entender el mundo, sin explicarlo. Para ello se hace lo que haga falta y si no se encuentra la manera, se inventa. Este es el origen de todas las cosmogonías, mitos y religiones. Es también el origen de la magia y la medicina empática y en medio de todo esto ha estado el arte, el tótem, la representación desde Altamira. Somos animales simbólicos, y el que crea que por utilizar las últimas tecnologías ha abandonado la cueva, no se ha enterado de nada.

R.O: Con el título “¿Qué sabe la Historia de morderse las uñas?” tienes una exposición abierta en el Museo de Teruel hasta el 18 de mayo, que reúne el material fílmico recopilado durante la presencia de la Brigada Lincoln en España en 1937 y 1938, es un material inédito que se expone por primera vez, ¿Qué esperas conseguir con este trabajo?

F.T: Sí, este proyecto se hizo en Estados Unidos y ahora empieza a circular por España. En cuarenta años sólo he realizado cuatro proyectos relacionados con la Guerra Civil española, aunque hay quien piensa que no he hecho otra cosa… Me parecía importante que la versión completa de la pieza se estrenara en Teruel porque una parte muy significativa del material encontrado muestra la ciudad inmediatamente después de ser tomada por las fuerzas republicanas entre 1937 y 1938. Hay también material tomado en Guadalajara donde aparecen Hemingway, Martha Gelhorn, Merriman, Walter y otros; también una parte al final del frente del Ebro muy potente. Son todas ellas imágenes impresionantes pero sin épica guerrera, sin tiros. Lo que espero conseguir con este trabajo es que se vea el material, que ya es mucho. Lo descubrí en los archivos de la Brigada Lincoln que se guardan en la biblioteca de la New York University en 2006, y tuve que esperar a que se creara el contexto adecuado para abordar el proyecto. Tenía mucha curiosidad en ver qué pasaba si no tocaba el material original y lo mostraba tal cual, interviniendo lo mínimo para justificar, digamos, mi papel en el asunto. El resultado es algo muy especial, bastante raro, que puede dejar perplejo pero creo que funciona. Como el material no tenía pista de sonido lo sonoricé con los conciertos de piano mecánico de Conlon Nancarrow, un gran compositor de vanguardia americano, casi desconocido por el gran público, al que el Whitney le acaba de hacer una retrospectiva. Nancarrow combatió en España y es perfecto para las imágenes. Como las proyecciones son siempre espectrales, fantásmicas (no es un palabro, Derrida lo emplea), la pieza se ancla en lo tangible al ser completada con objetos que he ido encontrando en mis paseos por el antiguo frente del Ebro. Aura benjaminiana a chorro.

R.O: Muchas veces hemos hablado de la importancia de la Historia, de no perder la memoria para entender quiénes somos. Pero cada vez nos olvidamos antes de todo. ¿Puede el arte ser la mejor terapia para recuperar la memoria?

F.T: El arte puede ser un dispositivo mnemónico de primer orden cuando el artista se lo propone. Pero para que funcione en ese sentido con todo su potencial necesita estar en el museo que es, finalmente, el lugar donde se sedimenta, se preserva y se estudia la Historia. Es, además, un dispositivo de narración visual que considero imbatible cuando se hace bien. Me aburre profundamente la constante contestación tipo campanita de Pavlov del museo, un tema cansino con el que llevamos medio siglo dando la brasa para parecer modernos y radicales. Una cosa es la gestión, y ahí me parece que todo cuestionamiento es legítimo y necesario, y otra el concepto básico, que en mi opinión goza de muy buena salud y consiste en coleccionar, estudiar, mostrar y explicar, punto. Si no está estropeado, no lo arregles. No ha sido accidental la temprana colusión (al menos en Estados Unidos) entre la instalación multimedia y el museo. De hecho ambos son dispositivos narrativos de gran calado y el arte de contenido histórico se ha movido como pez en el agua dentro de la pecera museística. Al fin y al cabo la materia prima de todo museo es siempre sobre la Historia de algo, ¿no?.