La buena noticia es que hay personas generosas. La mala es que el gobierno español, puestos a elegir, prefiere la beneficencia a la legislación. Días después de la noticia de que Soledad Lorenzo donaba su colección al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, José María Lasalle, secretario de Estado de Cultura anunciaba que definitivamente en esta legislatura no habrá Ley de Mecenazgo, subrayando que “ya no hace falta ser rico para apoyar a la creación del arte y la cultura” en referencia al crowfunding ( recordemos que se desgrava el 75% de los primeros 150 euros invertidos). Ante esta especie de cuchufleta habría que recordarle al señor Lasalle que comprar un libro, ir al cine, al teatro, también es apoyar la cultura y la creación. Algo que seguramente, tanto él como el señor Wert, actual ministro de Cultura y Educación , no deben hacer con frecuencia. Para redondear el tema el señor Lasalle apuntaba (como han recogido todos los periódicos españoles) que “si al mecenas no se le ofrecen incentivos fiscales se produce otra cosa que se denomina altruismo o filantropía”. Le damos las gracias por la lección, pero le recordamos que nuestra educación data de bastantes años antes de que ellos entraran a legislar la educación y la cultura de los españoles, y que eso ya lo sabíamos todos. Y que se puede resumir en que si no hay mecenas, hay generosos. La generosidad de Soledad Lorenzo, regalando más de 380 piezas de gran calidad e interés no sólo artístico sino histórico al Reina Sofía me temo que no va a ser seguida ni por otros galeristas ni por coleccionistas ni por nadie. Y que desgravar el 75% de 150 euros realmente no nos parece un incentivo interesante en vista de los impuestos que hay que pagar sistemáticamente. Un Estado que elige la caridad sobre los incentivos fiscales está hundiendo la cultura y su futuro en una sociedad en la que cada vez hay menos recursos públicos para nadie, excepto para los bancos. Y sino que se lo digan a Pablo Berasátegui, el nuevo director de San Sebastián Ciudad Cultural 2016, al que las cuentas no le salen, pues esperan recaudar un 15% de los 63,6 millones de euros que necesita de las iniciativas privadas. Un total de 9,5 millones que hoy por hoy son poco más que un deseo. Y no encuentra nadie que se quiera dedicar a esa tarea casi imposible de convencer a una empresa en que apoye un proyecto cultural a cambio de las gracias, un apretón de manos y poco más.

El control del crowfunding , limitando las aportaciones a un proyecto, y la definitiva falta de incentivos al sector privado, empresarial e inversor, se ha edulcorado con un anuncio de un aumento en los presupuestos de cultura para este próximo año, un caso más de racionamiento de una caridad estatal que con toda seguridad no dejará a nadie contento. Si el Estado no considera importante la cultura y la educación y no aporta ingresos suficientes, está en la obligación de facilitar el apoyo privado con todo tipo de beneficios fiscales e incentivos de cualquier tipo, porque la beneficencia y caridad ya se agita en las primeras necesidades de una población cada vez más empobrecida en la que el arte moderno realmente no entra en sus prioridades.

Saber quién va a pagar la creación cultural, cómo se va a financiar una industria que deja, o dejaba, más beneficio al Estado que todo el sector agrario o ganadero, es una pregunta que todavía no tiene respuesta. La falta de interés del gobierno por un sector cultural que siempre ha sido un ejemplo de generación de trabajo y de riqueza no sólo patrimonial sino puramente económica es el misterio absoluto. Claro que como dijo Lola Flores, si cada español pone una peseta…. Lasalle actualiza esa frase célebre, precursora del crowfunding, diciendo que si cada español pone 150 euros… olvidándose de que cada español ponemos mucho más que 150 euros que van a parar a un crowfunding que les ampara a todos los políticos e instituciones, funcionarios, etc., y que se llaman impuestos. Nos gustaría decidir qué se hace con ellos.


Imagen: José Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte, y José María Lassalle, secretario de Estado de Cultura.