Del 14 de mayo al 27 de julio de 2014, la Fundación Cartier-Bresson
de París toma el relevo a la Fundación Mapfre de Madrid con la
exposición retrospectiva dedicada a Emmet Gowin (Danville, 1941).
La
extensa muestra propone un recorrido por las distintas etapas del trabajo
del fotógrafo. Cerca de 180 fotografías permiten acercarse al universo
personal de Gowin, a los paisajes que recorrió y la gente que conoció,
como si de pronto nos colásemos en su vida. Pero es que Gowin nos da su
permiso para hacerlo, pues como él mismo afirma, se trata de compartir lo
vivido para no perderlo del todo, pues “hay cosas en vuestra vida que sólo
vosotros veréis, historias que sólo vosotros oiréis. Si no las contáis o
las escribís, si no hacéis la foto, esas cosas no serán vistas ni
oídas”.
El comienzo de su carrera está marcado por la investigación
con distintas cámaras fotográficas y formatos. La primera sección de la
exposición se detiene en esta búsqueda técnica y formal que, a lo largo de
casi 20 años, Gowin combina con retratos de escenas de su vida familiar.
Si en un primer momento las relaciones humanas – los sentimientos
amorosos, la sexualidad, o la comunicación – fueron centrales en su obra,
a partir de 1975 la naturaleza comienza a ganar protagonismo. Sus viajes
por Europa, Asia y América le permitieron documentar un gran número de
paisajes, mezclando siempre lo abstracto con lo descriptivo. La exposición
incluye una decena de fotografías realizadas en Italia entre 1975 y 1985,
además de las fotografías aéreas tomadas entre 1986 y 2012 que recogen
territorios devastados por la acción humana o las catástrofes naturales.
Desde el derroche de los círculos de irrigación en Kansas, hasta las minas
de carbón de Checoslovaquia pasando por los efectos de las pruebas
nucleares en el paisaje de Nevada o la erupción volcánica de St.Helen en
1980.
Así, entre los retratos más cercanos y personales de su mujer
Edith, y los lejanos paisajes de Petra, la obra de Gowin propone un juego
constante entre distancias y emociones, para descubrir como lo personal
termina por colarse siempre en sus fotografías. Así le sucedió en el 2001,
cuando estando en Latinoamérica para catalogar mariposas, Gowin encontró
en su cartera una imagen de su mujer que revolucionó todo su proyecto de
catalogación.

Imagen: Emmet Gowin. Edith, Newtown
(Pensilvania)
,1994.