Como si condujeras un antiguo Cadillac coupé del 69 y recorrieras los estados del sur de América del Norte. Hasta esos lugares te transportan las fotografías de William Eggleston. Moteles con letreros de neón, cafés de carretera, neveras viejas y oxidadas de Coca-cola, aparcamientos solitarios, estaciones de lavado de coches, boleras, teatros cerrados, gasolineras abandonadas, paredes pintadas… Todo ello podrían ser localizaciones de cualquier película de Lynch o los hermanos Coen que, de hecho, son algunos de los artistas que han utilizado el trabajo del americano como inspiración, nombres a los que se suman otros como Wim Wenders, Gus Van Sant, Jeff Wall o Martin Parr, entre otros. William Eggleston figura actualmente como uno de los fotógrafos más importantes de la segunda mitad del siglo XX y como padre de la fotografía a color, siendo uno de los primeros en lograr el reconocimiento del color en la imagen como un modo de expresión apto –y necesario– en las bellas artes. Ahora, parte de ese trabajo se muestra en el Foam Fotografiemuseum de Ámsterdam hasta el 7 de junio bajo el título Los Álamos. Para esta exposición se han recuperado las imágenes que Eggleston tomó mientras realizaba distintos viajes por carretera, junto al escritor William Hopps, entre 1966 y 1974 y cuya ruta fue desde Memphis, su ciudad natal, el delta del Mississippi, Nueva Orleans, Texas, Tennessee, Las Vegas, el sur de California, el muelle de Santa Mónica hasta llegar a Los Álamos de Nuevo México.

Durante esta etapa, el artista realizó más de 2.200 imágenes. Aunque en un principio estaban destinadas a publicarse por partes pronto se olvidaron. Fue en el año 2000 cuando este volumen de fotografías se redescubrió y se expuso por primera vez en 2003 bajo el mismo título, Los Álamos. Posteriormente, en 2012, se encontró una carpeta con negativos de estos viajes de Eggleston que se publicaron en tres tomos bajo el nombre de Los Álamos revisited con la editorial Steidl. El proyecto que el artista comenzó aun cuando la fotografía a color estaba considerada como algo vulgar encontró su lugar casi cuatro décadas después. Eggleston, diez años después, realizó su primera exposición en el MoMa que supuso el punto de inflexión de la fotografía a color en el arte. El trabajo del americano demuestra su inclinación por lo trivial y la búsqueda de la belleza en lo aparentemente banal. A pesar de la época en la que se realizaron, las tomas de Eggleston son atemporales mostrando la simbología de la cultura y la identidad de los estadounidenses. Además del color, otro de los elementos fundamentales en sus fotografías es la forma; que también lo alejaba de la fotografía tradicional. Así pues, Eggleston colocaba a los objetos o personas en el centro del encuadre que revela su punto de vista iconográfico y reconstruía la realidad desde su propia experiencia. Otra de las diferencias entre Eggleston y el resto de artistas de la época fue su experimentación con el proceso conocido como dye-transfer, una técnica utilizada sobre todo en publicidad, que permitió al fotógrafo controlar la saturación del color logrando matices y tonalidades peculiares.

(Los Álamos, William Eggleston en Foam Fotografiemuseum de Ámsterdam. Desde el 17 de marzo hasta el 7 de junio de 2017)