Las derivas de los críticos y teóricos del arte son cada vez más habituales, más públicas y más interesantes. Ahora es Andrés Isaac Santana (Matanzas, Cuba 1973) el que presenta una nueva publicación en la que, ya abiertamente, da rienda suelta a su capacidad literaria dese el yo más apasionado e individual. El Troyano. Ensayo y escrituras confesionales (Editorial Advuana Vieja) retoma el género epistolar, en el que nuca sabemos si realmente son cartas enviadas y recibidas, ni si están destinadas a alguien real o sencillamente todos nosotros, cada uno de los hipotéticos lectores somos el receptor único y personal. Aquí lo importante es la escritura, y el acto de escribir supone una liberación y también una liturgia. El conocimiento y el deseo de opinar, de hablar, de decir, se hace texto en estas cartas ficticias o reales, textos en definitiva en los que se habla de arte, pero también de vida, de experiencia, de soledad, de ansiedad, de reencuentro y reconocimientos, de abandonos y sobre todo de una vida intensa de pensamiento y cultura.