OPINIÓN

A lo largo de la vida hay muchas cosas que vamos viendo, con sorpresa y a veces con terror, que no valen nada. El resto, la verdad, tampoco vale mucho. Pero gracias a artistas como Antonio López hemos caído en la cuenta de que el tiempo no vale nada. El tiempo se puede congelar como en un vídeo en nuestra televisión, se puede retocar en nuestra memoria, se puede transformar en nuestras acciones.


Antonio López lleva realizando el retrato oficial de la familia real de España desde hace 17 años. 204 meses, 6.120 días… una eternidad y, tal vez, apenas un suspiro. Efectivamente el tiempo es relativo, o no. La realidad no existe, o sí. Todo depende y, realmente, nada importa. Podemos llegar a una conclusión: al final te mueres y da igual haber tardado 17 años o una semana, e incluso no haberlo hecho. Da igual que tus ideas te las robe un artista, un comisario, cercano o amigo y él o ella se lleve la fama, el prestigio, y el dinero junto con el reconocimiento, también morirá y el tiempo –ese agente al parecer irrelevante– lo borrará todo, lo cambiará todo. Pero, en cualquier caso, y aunque estemos todos de acuerdo con que el tiempo no vale nada, la realidad (que ya también hemos quedado en que no existe y son lo mismo la verdad y la mentira…) 17 años para retratar a una familia nos parece una barbaridad… y un problema. Hace 17 años no habían nacido los hijos del príncipe Felipe ni de sus hermanas, el rey no estaba tan estropeado y su esposa aparecía más feliz… Hace 17 años este país era otro, diferente aunque parecido, todos eran más jóvenes y sus vidas tenían otras expectativas. La familia ha crecido, sus componentes han envejecido… ¿Cómo hace un retratista para incluir ese paso de un tiempo tan largo en una sola obra?


Pere Formiguera retrató a su madre durante años (no sé si 17, la verdad) periódicamente, alargando un retrato en primer plano, siempre diferente y siempre igual, apenas una leve alteración de la piel, de la mirada, de un cabello que el viento, o la mano, han cambiado… 17 años pueden ser un suspiro, pero también son toda una vida. Esther Ferrer lleva autorretratántodose casi treinta años, claro que no en una sola foto, sino en muchas; como Roman Opalka… Midiendo el tiempo como On Kawara, como Félix González-Torres, como tantos que miden el tiempo, cuentan los días, las horas y los minutos, sumando o restando, que al final viene a ser lo mismo pero al revés. Pasando el tiempo.


Antonio López pasa el tiempo pintando, eso sí, un solo cuadro. Así se entiende que sus cuadros sean tan caros, los debe cobrar por horas. Claro que si se transformase de un pintor hiperrealista a un artista conceptual, tal vez, sólo tal vez, veríamos el tiempo, su tiempo, como otra cosa. Incluso veríamos su cuadro de la familia real como si fuera otra cosa. Pero, en fin, ahora que ya sabemos lo que se tarda en pintar un retrato a la familia real, nos encantaría saber lo que se paga por hacer –o no hacer– ese retrato y, sobre todo, queremos verlo antes de morir. De que se mueran ellos, los modelos, el pintor, y sobre todo nosotros. Porque el tiempo no valdrá nada (como dice Antonio López), pero corre que vuela.


Imagen: Vista del taller de Antonio López con el retrato de la familia real.