Tras la exposición sobre Fulton que daba impulso a la Fundación Cerezales Antonino y Cinia ahora abre sus puertas a una nueva muestra, El silencio absoluto no existe del artista cubano Adrian Melis, comisariada por Denise Araouzou y que podrá verse hasta el 12 de noviembre de 2017. Esta exposición toma como punto de partida la teoría de John Cage en la que afirma que el silencio es inexistente, algo que Melis extrapola y observa en paisajes sonoros, tanto audibles como abstractos. Por lo general, el trabajo del cubano observa y reinterpreta las estructuras financieras, políticas y sociales de Cuba y Europa y la manera en que estas moldean a las personas, afectan a la sociedad y su percepción de la realidad. El desempleo, la ineficacia burocrática, la creciente corrupción tanto de la Administración como de empresas importantes, entre otras cosas, tiene cabida en el proyecto del artista para realizar alteraciones que suelen revelar tensiones y confusiones entre causa y efecto, a través de la manifestación de ausencias –formales o conceptuales–, muy recurrentes en su obra. El estado neurótico de un mundo en el que la crisis política y económica ha tomado el control es reflejado en la obra de Melis a través de sonidos registrados entre el ruido del capitalismo y los ecos del comunismo, entre el sonido y el no-silencio, tal y como lo denomina el propio artista.

Prueba de ello se encuentra en sus obras, como en Surplus Production Line, que muestra el ruido de una destructora de papel deshaciendo los curriculums vitae de 3.000 desempleados españoles; o Dreams Production Plan, que ejemplifica los 150 sueños de trabajadores cubanos que se duermen en sus puestos de trabajo; también, su padre –creyente de la utopía de Fidel Castro– se reconcilia con el futuro de Cuba en una entrevista muda en The New Man and my Father; otra de las piezas más impactantes es Anechoic Room, en la que se mezclan muebles, trastos, tierra, cubos y contenedores que reproducen el estudio de sonido que Melis ofreció a algunos refugiados para representar de manera sonora su viaje hasta Atenas y dieran forma al futuro que soñaban. Con esta exposición se ofrece al espectador el vivir una experiencia psicosomática que provoca la presencia de un sonido que se puede oír pero no ver, algo que imita a la neurosis y a otros problemas mentales en los que se oyen voces.

(El silencio absoluto no existe de Adrian Melis, en Fundación Cerezales Antonino y Cinia, León. Desde el 6 de agosto hasta el 12 de noviembre de 2017)