OPINIÓN

Siempre lo hemos sabido, la amistad es seguramente más importante que el amor. Tal vez de jóvenes pensemos que no es así, que un amante es más importante, pero poco a poco nos damos cuenta de que no, de que ciertamente el que tiene un amigo tiene un tesoro. Y lo digo en sentido estricto. La amistad debería cotizar en bolsa, en paralelo al valor oro. Y las agendas serían como tener acciones preferentes. Hoy en día tener el teléfono, el mail, haber cenado, coincidido con fulanito, aunque no nos dé el estatus de “amigo”, es decir, el valor total de la acción, nos sitúa muy bien en un determinado ranking.


Tener buenos amigos, o al menos que otros conocidos crean que nuestra amistad y trato les puede abrir puertas, conseguir favores, es esencial hoy en día. Eso y saber idiomas (para ampliar la agenda y los posibles amigos) es otra cosa a tener muy en cuenta. Mucho más que saber historia del arte, haber visto exposiciones, leer libros, por Dios, ¡¡¡no es comparable!!! El mundo del arte actual es como una sobremesa de ricos, sólo importa la apariencia y las relaciones sociales. Todos se conocen (hasta yo les conozco, por cierto, aunque no creo que sean mis amigos), y todos mueren por quedar bien con ellos. Así, los antiguos críticos ya no critican nada y todo se está llenando de jóvenes becarios y becarias transformados en asistentes que, delgados y lánguidos, miran a todo el mundo por encima del hombro, porque en Basilea o en Hong Kong han coincidido, han saludado, han cenado (¡el súmmum!) con este o aquel curator internacional, les ha guiñado un ojo aquel artista proclive o aquella galerista un tanto pasada de copas. Esto es el back stage de cualquier feria, siempre lo ha sido, pero antes se iba a trabajar, no a hacer agenda.


Con el verano se avecina el apogeo de las relaciones públicas. Estar invitado a la cena de la inauguración de la Bienal de Venecia, tener tarjeta VIP en Art Basel (antes de ir a Basilea, es decir, que te la envíen por correo a tu despacho) es más importante que varios master en lo que más te guste. Este año no pienso ir ni a la feria, ni a la inauguración de la Bienal, si alguien quiere mis tarjetas, mis invitaciones, que empiece a pujar. El encanto ya, que lo pongan ellos y ellas.


Hace tiempo escuchaba a un señor explicar por qué es mejor llevar a los hijos a estudiar a colegios privados de lujo: tienen el futuro asegurado con los amigos que hagan en su adolescencia. Es una especie de seguro. Las madres abnegadas hoy procuran que sus hijos estudien en el Bard College, cuestión de agenda. Los cursos de veranos internacionales son un buen punto de encuentro y aprendizaje. Las ferias, esenciales. Y, por supuesto, las inauguraciones. Un buen fondo de armario esencial, el inglés y, a poder ser alemán o francés o español. Y si algún despistado quiere bibliografía, les recomiendo a Pablo Helguera y sus consejos del Manual de estilo del arte contemporáneo. Por lo demás, les deseo a todos estos joveznos que pululan como carroñeros por parties, openings, saraos varios, la mejor de las suertes. La van a necesitar pues con su éxito favorecen nuevas hornadas de clones a su imagen y semejanza que les obligarán a mejorar, evolucionar y ampliar sus agendas. Sin descanso, sin vergüenza.


Imagen: Directoras de la galería neoyorquina End of the Century y protagonistas del reality televisivo Gallery Girls durante una inauguración.