De la renovación que sufrió la escultura vasca a partir de la década de los ochenta surgieron nombres que marcarían una línea artística, como Maria Luisa Fernández, Txomin Badiola o Pello Irazu. Este último, nacido en Andoain, comenzó su actividad hace treinta años bajo una marcada influencia de Jorge Oteiza y pronto dio forma a unos parámetros que han sido claves para su trabajo y para la transformación de la escultura. Ahora, que se cumplen tres décadas desde que inició su andadura, el Museo Guggenheim de Bilbao expone su obra bajo el título Pello Irazu. Panorama; con este nombre se deja claro desde el principio que no se pretende mostrar una retrospectiva del trabajo del artista sino que se realiza un análisis multidireccional donde el tiempo se pliega en el espacio ofreciendo un paisaje cuyo skyline es la producción de Irazu. Desde el inicio, el guipuzcoano combinó y alternó la escultura con el dibujo, la fotografía y las pinturas murales abordando siempre los problemas que surgen en las relaciones ocurridas entre nuestros cuerpos, los objetos, las imágenes y los espacios. Así pues, su producción aglomera tanto propuestas tridimensionales de pequeño formato, como instalaciones de gran tamaño o híbridos de objetos; su obra es fruto de una experimentación con los materiales.

La exposición que acoge el museo bilbaíno ofrece al espectador la posibilidad de conocer las distintas formas de expresión (figurativa, geométrica, documental, gestual) del artista. Para ello, la comisaria Lucia Agirre, ayudada por el propio Irazu para el montaje, ha seleccionado más de cien obras –con algunas de las más significativas de su carrera– que juntas crean una mirada simultánea en la que pasado y futuro se entrelazan en nuestro presente. La muestra se articula desde el pasillo de la zona central de la galería 105 del Guggenheim, en él se exhiben de manera cronológica los trabajos sobre papel más importantes y una pintura mural realizada para la ocasión. A partir de aquí se distribuyen los trabajos escultóricos y fotógraficos en forma circular y en áreas diferenciadas; el objetivo de este montaje es que sea el propio espectador el que elija el itinerario y el cómo quiere explorar la muestra.

El trabajo de Pello Irazu dio una vuelta de tuerca a finales de los ochenta, cuando se trasladó a vivir a Nueva York. Su obra adquirió la dimensión del especio exterior con la creación de piezas con materiales industriales como el contrachapado o el plástico. Asimismo, comenzó a deconstruir objetos para rehacerlos de manera discontinua logrando en el espectador un desconcierto sobre el significado de materiales cotidianos y habituales. Parte de la producción de esta etapa también está presente en Pello Irazu. Panorama, que permanecerá abierta al público hasta el 25 de junio.

(Pello Irazu. Panorama en el Museo Guggenheim, Bilbao. Desde el 10 de marzo hasta el 25 de junio de 2017)