Edvard Munch ha sido siempre considerado un reputado pintor, famoso por sus obras inquietantes, fue un maestro del simbolismo, de la expresividad de la pincelada y del color pero, a pesar de que también fue amante de un cine todavía incipiente en su época y fotógrafo ocasional, nunca se ha explorado el calado de estos otros medios en su obra. La muestra que puede verse ahora en el Schirn Kunsthalle de Frankfurt (coproducida con el Pompidou de París) es la primera que ha centrado todo su esfuerzo en mostrar obras que pudieron haberse visto impregnadas por el cine y la fotografía de diversas maneras: por el enfoque, los temas, el tratamiento de los mismos, la representación, etc. Pero además a este estudio novedoso se suma el hecho de que para la exposición se han reunido más de cincuenta fotografías y cuatro películas que Munch llegó a producir gracias a una cámara que adquirió en uno de sus viajes a París. Junto a todo ésto más de sesenta obras pictóricas y un repaso por todo el conjunto expositivo de temas, géneros o poses recurrentes en unos y otros medios como sonel retrato y los autorretratos, los bodegones, las versiones de obras en distintos soportes, etc. Una mezcla de estética y experimentación que dan a conocer otra faceta del venerado creador noruego. Hasta el 13 de mayo.