Son los tonos negros los que delatan a un buen fotógrafo, los negros profundos conviviendo con los matices de las altas luces. Las fotografías de Lewis Baltz (California, 1945-2014) expuestas en la Fundación Mapfre de Madrid, destacan en un primer lugar por su transparencia. Solía utilizar una baja sensibilidad de 6 ISO (antiguamente llamado ASA) que le obligaba a utilizar trípode incluso bajo la cegadora luz del desierto y que conseguía unas copias fotográficas perfectas, contrastadas y con un grano imperceptible al mismo tiempo. Pero más allá de su maravillosa técnica, la profundidad y contundencia de su discurso le convierten en un artista conceptual clave. Su fotografía plantea un cambio de paradigma, a través de los lugares que habitamos y que empiezan a sucumbir ante la acción del hombre. Así lo muestra la selección que el comisario Urs Stahel abre al diálogo, evitando una disposición cronológica a favor de una conceptual.

Las fotografías de Lewis Baltz muestran su forma de concebir la vida, su filosofía y su pensamiento crítico, narrados a través de las imágenes. La historia comienza en 1967 durante sus años de estudiante capturando la melancólica distancia entre el mundo real y el simbólico, el realismo del espacio arquitectónico frente al espacio fotográfico. Luces y sombras son su vocabulario, geometrías que le llevan a Tract Houses (1969-1971), su primer gran serie de casas unifamiliares a medio construir junto a la autopista fotografiadas de manera sistemática y frontal. ¿Cómo los elementos arquitectónicos seriados, las paredes vacías, las ventanas anodinas y las texturas de las fachadas pueden alcanzar tal perfección? En cada una de sus fotografías, responde a esta cuestión. Sigue con estas tomas frontales en su siguientes series sobre aparcamientos, fábricas… no lugares que comenzaban a proliferar hasta adueñarse paulatinamente del territorio. Así el fotógrafo comienza a distanciarse y a elevarse del suelo para ir ampliando su mirada arquitectónica hacia la topográfica, estudiando los lugares que quedan fuera del progreso. Esos espacios no son arqueológicos, ni siquiera rurales, sino ruinas recientes, el mismo tipo de construcciones que vio florecer por doquier abandonadas, estructuras que no permanecen, que cada vez duran y resisten menos.

De repente, la nitidez y la claridad de las fotografías de Baltz, se nubla. En su serie Continous Fire Polar Circle (1986) todo se emborrona bajo una polvareda, la de un momento histórico nuevo, fotografías de una sociedad que no puede gestionar sus residuos. Así se despide Baltz de la pureza del blanco y negro, incorporando un año después, en su serie Near Reno, algunas fotografías en color, ciertas agrupaciones, cierto hilo narrativo que acabará por culminar en su última serie (Venezia Marghera, 2000-2013) incluyendo textos.

Pero toda esta historia no tiene nada que ver con la exposición, el trabajo curatorial de Urs Stahel dispone las series en blanco y negro intercaladas con las nuevas. La experiencia expositiva permite poner las fotografías antiguas en diálogo con su trabajo más reciente. Estas fotografías a color comienzan con los fotogramas de cámaras de vigilancia de su serie Sites of Technology (1989), copiados en grandes dimensiones y montados con paspartú, amenazando las pequeñas copias en blanco y negro. Merece la pena deambular por la sala de exposiciones, contratar la  tecnología y el progreso, las comunicaciones y la vigilancia, con las pequeñas copias de los setenta y ochenta situadas en la pared de enfrente. Este diálogo conceptual es el de un artista que es fotógrafo y por tanto, como decía al principio, le siguen delatando los negros. A partir de los noventa, los brillantes espacios vacíos de color negro son digitales. Sus grandes dimensiones superan la altura del espectador que, inevitablemente, se ve reflejado, literalmente reflejado en las grandes masas negras. Perdido en esa masa oscura, los pies del espectador se apoyan en un espacio familiar, poblado de autopistas, luces artificiales, semáforos… perdido en un cruce de caminos, el del presente.

(Lewis Baltz, Fundación Mapfre, Sala Bárbara de Braganza, Madrid, del 9 de febrero al 4 de junio de 2017)