Con las exposiciones de Graciela Iturbide (1942, DF, México) y de Melanie Smith (1965, Inglaterra, en México desde 1989) y la restauradora Frida Mateos, el Museo Amparo de Puebla inaugura la primera etapa de su ampliación. Un proyecto en el que lo más destacable es sin duda la aportación de la familia propietaria del Museo, la Fundación del Museo Amparo, que ha invertido cuatrocientos millones de pesos en reforzar su museo y, probablemente, su colección. Una apuesta a favor de la cultura y de la ciudad de Puebla, desde el capital privado. Un proyecto realizado por el arquitecto Enrique Norten, que se estructura en dos etapas y que pretende dotar al Museo de las más modernas instalaciones a nivel internacional. De hecho todo el acto de inauguración y la relación del edificio histórico y de su remodelación y reconversión en una supuesta estructura moderna parece asentarse en ese imprevisible diálogo entre lo clásico y lo actual, lo establecido y lo que al parecer pretende alterar y reconsiderar la estructura establecida. Un edificio histórico, modélico en su origen y su funcionamiento y un proyecto arquitectónico que se ve fallido desde su origen; una exposición perfecta, nada sorprendente, y nada imprevisible de la fotógrafa mexicana más importante, y un proyecto en progreso que pese a su ambición de origen y su intención de plantear una alteración del horizonte interpretativo, no pareció interesar a casi nadie, y aparece fallido desde la primera proyección de vídeo. Ayer y mañana en dos versiones desiguales.

Imagen: Vista del exterior reformado del Museo Amparo en Puebla.