Dibujos imposibles, la magia del trampantojo a través de los grabados inspirados en mundos imaginarios. El trabajo de Maurits Cornelis consta de más de cuatrocientas litografías y grabados en madera y unos dos mil dibujos y borradores, tal es la magnitud de su obra, que esta ha sido reproducida cientos de veces. Llegó a tal punto este hecho, que el artista decidió, al final de su carrera, destruir algunas de las planchas originales para evitar su continua reproducción. Este hecho no evitó que su obra se expandiera por el imaginario colectivo llegando a ser, algunas de estas piezas, parte de la cultura del siglo XX y XXI. La difusión de sus grabados, ya sean originales o copias originales es inmensa, en parte por la cantidad de reproducciones que de ellas se han realizado y que se han esparcido por cada rincón del planeta.

Conocido como M.C. Escher, el clasificarle como artista supone un reto. A lo largo de los años se ha estudiado su obra con la intención de etiquetarlo, buscando posibles mensajes ocultos, pero el problema radica en que el holandés dibujaba lo que le gustaba, sin ninguna pretensión mayor que esa. Visiones de sus sueños o resoluciones a problemas matemáticos, imposibles en la realidad pero factibles sobre el papel, plasmando situaciones que se escapan de la realidad, la cual no le interesaba mucho al artista. Como tampoco le interesaban los problemas psicológicos o personales, su única preocupación, a nivel artístico, era la de crear un mundo salido de su imaginario, la creación de un universo propio que cobraba sentido dentro de su cabeza. Por ello, se ha querido ver en su obra las características del surrealismo, aunque bien podría escaparse ese mundo propio al de este movimiento.

Si buscamos un común denominador en su obra, advertiríamos varios elementos medibles, como la dualidad y el equilibrio, el uso imperativo del blanco y del negro y la simetría. Como si sus grabados fuesen una balanza que pesase lo infinito contra lo finito, todo lo representado tiene su yuxtapuesto. Bruno Ernst, amigo y biógrafo personal de Escher, clasificó su obra en tres categorías diferentes: la estructura del espacio, la estructura de la superficie y la proyección del espacio tridimensional en el plano.

Existen a lo largo de la historia del arte numerosos estudios sobre la psicología del artista, de cómo esta influye en sus obras. Wittkower escribió sobre ello en su libro Nacidos bajo el signo de Saturno, en el que nos habla de ese carácter especial que todo artista tiene. De igual manera, se ha estudiado mucho la psicología de artistas como Van Gohg, Munch o Goya y de cómo esta tuvo gran repercusión en su trabajo. Incluso esos mundos imposibles que un día idearon artistas como El Bosco o Dalí. Podríamos asegurar que Escher posee esa psique que caracterizó a todos ellos. Él pinta lo que quiere, sin reglas, rompiendo la realidad, las matemáticas.

Si buscamos momentos en la vida del artista que pudieron de alguna manera inspirar su obra, destacaría sus viajes a Italia y España, donde bocetó distintos motivos decorativos de la Alhambra, de donde aprendió a rellenar el espacio con patrones y la partición del plano. Durante el año 1941, en plena II Guerra Mundial, se muda a Bélgica, este hecho es trascendente en su obra; allí, los días soleados no son muy frecuentes y se ve obligado a dejar a un lado los trabajos paisajistas siendo en este preciso instante cuando comienza a centrarse en el mundo surrealista de su mente, en donde encuentra los modelos más influyentes en su propia obra.

Algunas de sus obras más difundidas son Mano con esfera reflectante, Relatividad y Belbedere. Estas tres obras son un buen resumen al conjunto de su trabajo, en las que se puede ver la creación de ese mundo imaginario y surrealista o su faceta como matemático y artista del grabado. Con ellas, también nos podemos hacer una idea de lo difícil que puede llegar a ser catalogar la obra de Escher, pero en un mundo en el que todo tiende a tener una etiqueta, puede que sea buen momento para huir de esta tendencia para liberar nuestra mente y adentrarnos en el mundo mágico que un día soñó el artista, y que hoy podemos soñar nosotros gracias a la exposición que podrá verse desde el 1 de febrero en el Palacio de Gaviria.

(Escher, Palacio de Gaviria, Madrid. Desde el 1 de febrero hasta el 24 de septiembre de 2017)