Henry Darger (1892-1973) es uno de esos artistas absolutamente misteriosos y excepcionales. Ingresado de niño en un horfanato y en varias instituciones psiquiátricas, le diagnosticaron “masturbación” y “colocación errónea del corazón” entre otros disparates clínicos. Consiguió escapar de adolescente y vivió, en absoluta soledad, como conserje en Chicago. Durante su vida nunca se dedicó al arte, no comercializó, ni exhibió, ni tan siquiera habló con nadie de sus obras pero, tras su muerte, aparecieron en el apartamento en el que vivía recluido un manuscrito con más de 15.000 dibujos además de acuarelas y collages en los que se narraban delirantes historias sobre las vivian girls, unas princesas cristianas que luchan contra la esclavitud impuesta en su reino. Unas historias fascinantes que Klaus Biesenbach recuperó y expuso en el MoMA PS1, centro que ahora dirige. Los dueños del legado Darger, sus antiguos caseros, han regalado las últimas piezas de su colección al MoMA, en honor de Biesenbach, y cierran así un periodo en el que han hecho lo posible por difundir la obra de un genio enigmático convertido en paradigma del artista marginal.

Imagen: Henry Darger. Sin título, s.f. Acuarela donada en honor de Klaus Biesenbach al MoMA