Llevábamos casi dos semanas sin recibir ningún comunicado oficial del Gobierno Chino tras la detención en el aeropuerto de Hong Kong del artista y activista pro-derechos humanos Ai Weiwei. Trece días, para ser más exactos, en los que algunos gobiernos occidentales como Alemania, Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos exigieron la liberación inmediata del artista por lo que consideraban una detención ilegal, al tiempo que Lisson Gallery, donde el artista tenía previsto inaugurar su primera exposición individual en mayo, hacía pública una nota expresando su preocupación por el curso de los acontecimientos. Pero el hermetismo del régimen chino se rompía ayer, cuando el diario hongkonés Wen Wei Po, un medio muy próximo al gobierno de Beijing, publicaba los cargos por los que el artista continuaba detenido, a saber: evasión de impuestos, destrucción de pruebas, y distribución de pornografía. Al parecer, según informaba el diario, Weiwei estaba colaborando con las fuerzas de seguridad gubernamentales. Lo que no sabemos es si su colaboración, tras casi dos semanas de detención y aislamiento (recordemos que la familia no tiene noticias de él), está siendo voluntaria.