En algo más de un año la artista Yayoi Kusama ha pasado de permanecer en el olvido durante casi tres décadas, de las seis que posee de trayectoria, a ser una de las artistas más mencionadas, con más exposiciones y proyectos del panorama internacional. El pistoletazo de salida, al menos en nuestro país, fue la exposición individual que se le realizó en mayo de 2011 en el MNCARS. Una coproducción con la TATE Modern donde la japonesa batió récords de una audiencia que esperó largas colas para ver sus espectaculares instalaciones en las que los puntos de colores, como reiterado leit motiv, generaban atmósferas irreales, fantasiosas y de gran belleza. Además de estas dos exposiciones y de la que también se celebró en el Centre Pompidou de París, la artista protagoniza actualmente una nueva muestra en el Whitney de Nueva York pero además, durante este año, ha realizado diversas intervenciones específicas en capitales como Ámsterdam; se ha creado un premio en su honor; se ha asociado con una prestigiosa firma de moda y es la invitada de honor en la I Bienal de Arte Contemporáneo de Kiev. Se prevee por tanto que, al menos durante un tiempo, el fenómeno Kusama continúe consolidando a la artista como la nueva elegida del arte actual.