Que Amazon había querido irrumpir con fuerza en el mercado del arte online con su nueva página Web, todavía en versión beta y sólo disponible para el mercado americano, era un hecho indudable. Tanto como que en el comercio electrónico, los casos de timos y estafas se multiplican por la todavía escasa articulación y seriedad de este tipo de ventas.

Pues bien, con apenas dos meses de vida, la página Amazon Fine Art ya ha sido objeto de polémica y ha sido puesta en duda debido a la reciente aparición en dicha Web de las obras de un pintor llamado Nelson Shanks, un retratista de personalidades para casi todos desconocido, pero cuyos precios oscilaron entre los 500.000 y 900.000 dólares durante algunas semanas. Así, este pintor de origen americano, que apenas cuenta con un puñado de muestras individuales en instituciones internacionales de segundo o tercer nivel, y cuyas ventas públicas (las declaradas en subastas) apenas habían alcanzado hasta ahora los 8.000 dólares, se permitió codearse con los grandes nombres del arte internacional.


¿Que dealer espabilado estaba detrás de esta maniobra? ¿Cómo se pudo colar un gazapo de este tamaño en una página a priori seria y caracterizada por su buen servicio al cliente? Tal vez sería interesante que Amazon se plantease si más allá de los objetivos de ventas y de los informáticos que se dedican a copiar y pegar los números proporcionados por las más de 100 galerías que comercializan sus obras a través de esta página, una buena opción sería contratar un equipo de expertos en arte. Quién sabe si de este modo el prestigio de esta página subiría exponencialmente y tal vez los grandes coleccionistas tomaran en serio los objetos de arte que allí se comercializan.

Imagen: Nelson Shanks. Salome, 2007.