La especial habilidad de Jorge Luis Borges para desarrollar una cosmología a partir de situaciones y objetos cotidianos aparentemente insignificantes, es el de punto de partida de El espacio cósmico estaba ahí, en dos o tres centímetros, exposición comisariada por Juan Canela para la nueva sede madrileña de la Galería Bacelos. Bajo este orden de cosas, los seis artistas incluidos en la muestra se aproximan al estudio de una región geográfica determinada partiendo de elementos muy concretos como las historias de sus habitantes (en el caso de Gerard Ortín y Mercedes Mangrané), diversos materiales destinados a la producción de objetos de lujo (Berglind Jóna), un accidente geográfico (Adelita Husni-Bey), los antiguos símbolos del comunismo (Ángel de la Rubia), una fotografía encontrada (Lúa Coderch) o los libros de una biblioteca familiar (Francesco Arena).

Un conjunto que esboza una cartografía fragmentaria que nos lleva de realidades próximas y a priori conocidas, como Barcelona o Italia, a otras más ignotas como Islandia, Libia, Lituania, Bulgaría. Un mapa que, al igual que ocurría en multitud de relatos del argentino, se afirma como absolutamente arbitrario y caótico por necesidad, pero no por ello incapaz de esbozar, gracias a tropos como la metáfora y a la fantasía del ser humano, cierta pequeña historia universal de nuestro momento histórico. Hasta el 21 de enero.

Imagen: Lúa Coderch. Red star revisited, 2011. Vista de la exposición El espacio cósmico estaba ahí, en dos o tres centímetros en la Galería Bacelos, Madrid 2012.