Extracto de la obra de Pablo Helguera Manual de estilo del Arte Contemporáneo, Tumbona ediciones, Colección Anómalos, 2006, pp.22-25. Más información aquí.

(…) ¿Que es lo que constituye a un buen coleccionista? Como en cualquier deporte, los coleccionistas deben de adquirir una buena puntuación en las siguientes categorías:

a) calidad de sus obras en su colección; b) tamaño de su colección; c) récord filantrópico (cantidad de obras que han donado o que han prometido donar anteriormente); d) apoyo familiar (para asegurar a la institución que la familia no intentará retener las obras prometidas en el testamento del coleccionista a la muerte de este, o convencerlo de cambiar su testamento a la última hora); e) cantidad de afiliaciones institucionales (un coleccionista afiliado con más instituciones disminuye sus recursos de donación); f) Interferencia con la agenda institucional (es preferible, en el mejor de los mundos posibles, tener a un coleccionista que simplemente otorga recursos sin exigir control del contenido de la agenda institucional, aunque muchos consideran que esto es una cosa del pasado); g) Aspiraciones culturales (algunos coleccionistas incluso intentan curar, lo cual constituye un gran problema para las instituciones); y h) talento como anfitrión (dado que son los coleccionistas los que subvencionan la mayoría de los eventos sociales del MA).


Los siguientes son algunos puntos de etiqueta para el buen coleccionista:

1. El coleccionista deberá de aceptar su papel y estatus en el MA. Algunas
responsabilidades incluyen el tener que asistir a reuniones de patronato, inauguraciones exclusivas, y financiar de vez en cuando cenas de gala para las instituciones que apoyan.


2. El coleccionista deberá de ejercer la facultad de la paciencia. Deberá de comprender que el MA en su totalidad se encuentra en constante competencia por su atención. Incluso en los casos en que no esté interesado en alguien, deberá de mostrar cortesía para aquellos que le muestran mercancía o lo invitan a eventos sociales.


3. El coleccionista no deberá de abusar de su poder obligando a curadores, artistas y galeristas a ver su álbum familiar, o sentándolos a ver cada obra de su colección, especialmente si esta rebasa las cuatro mil obras.


4. El coleccionista no deberá de ser demasiado cruel en el proceso de seducción de un galerista o artista, haciéndoles creer que está interesado en ellos cuando en realidad solo le interesa divertirse.


5. Similarmente, el coleccionista deberá de tener cierta consideración hacia todos los galeristas, artistas, y curadores alrededor suyo. Al organizar una cena o evento social, todos ellos estarán obligados a asistir, escuchar, y asentir de manera aprobatoria, e indefinidamente, cada uno de los comentarios y ocurrencias que pasen por la mente del coleccionista. Es importante para el coleccionista comprender, sin embargo, que la razón por la que su corro está reunido es exclusivamente de tipo laboral: sus comentarios, por consiguiente son similares al caso del jefe que somete a sus oficinistas a un eterno relato de sus vacaciones. El coleccionista debe de comprender que sus preocupaciones, generadas por una vida de privilegio y poder, son por lo general completamente incomprensibles, irrelevantes, e inclusive superficiales para cualquiera que depende efectivamente de un trabajo para vivir.


6. Muchos coleccionistas, al establecer su colección, comenzarán a buscar maneras de deshacerse de las obras de ciertos artistas que no están “al nivel” del resto de la colección, en particular aquellos que representaron adquisiciones tempranas. Esta actividad, si bien es esencial en muchos casos, es extremadamente delicada y en la medida en que la colección es importante, el deshacerse de una obra puede desatar una crisis en la carrera del artista. En estos casos el coleccionista deberá de mantener la máxima discreción.


7. En ocasiones, aquellos coleccionistas que sirven como miembros de la mesa directiva de un museo, tendrán la posibilidad de presionar al director para exponer a aquellos artistas que conforman su colección privada. Es poco ético, sin embargo, el influir al museo a que opere de esta manera sin posteriormente prometer la donación de algunas de estas obras de la colección propia al museo. Ya que el museo arriesga su reputación al doblegar su programación a los deseos del coleccionista, éste por su parte deberá también de mostrar su apoyo.


8. Se recomienda al coleccionista que, para adquirir cierta perspectiva de la situación de los otros, tome “cursos de realidad”. Dichos cursos consisten en imaginarse su propia vida sin ninguna clase de recurso económico garantizado, y tener que vivir a través de su propio talento innato. Dado que estos cursos pueden ser en extremo traumáticos para la mayoría de los coleccionistas, se recomienda participar en estos cursos por solo tres o cuatro días a lo sumo.

Imagen: Foto promocional de la película Cómo robar un millón, 1966.