Tan sólo un día después de anunciarse la “supersubida” del IVA para espectáculos como el teatro, los conciertos y el cine del 8 al 21%, el pasado 12 de julio el Ministerio de Cultura presentaba las positivas cifras del cine español en 2011. Según estas cifras la cuota de pantalla del cine español se situó en más del 15% con más de 15 millones de espectadores, lo que en euros supera los 99 millones de euros. Esta “mejora” de la cifras parece tener que agradecerse a un nombre o, mejor dicho, a un hombre Torrente (4) cuyos 19 millones de espectadores marcan la diferencia con las cifras del año precedente y duplican sin esfuerzo la taquilla del primer título español en la lista de 2010: Tres metros sobre el cielo.


A pesar de parecer una buena noticia, estas cifras no lo son: en 2001 se vendieron 146 millones de entradas frente a los 86 millones de 2011, y en lo que va de década las cifras no han mejorado para el cine español, pasando de más 1.200 salas de cine a 872 -muchas de ellas reconvertidas en tiendas de moda a precios medios. El lavado de cara de estas cifras sólo enmascara temporalmente un futuro muy oscuro que amenaza aún más la pervivencia del cine en la gran pantalla y sobre todo de las producciones españolas. A pesar de la reciente Ley Sinde y de su prohibición de la descarga ilegal, ¿cuánta gente podrá permitirse ir al cine con la subida del IVA o comprarse un dvd, incluso a través de plataformas digitales, a partir de septiembre? Y lo que es peor, ¿cuánta gente irá a ver cine español?

A esto se añaden los recortes de las ayudas públicas a la cultura que en el caso del cine lo son a la amortización, no nos engañemos, y que se dan en función de los rendimientos en taquilla que ya vemos que no son para tirar cohetes.


El éxito de Torrente es sólo anecdótico y puntual, una saga que no durará para siempre y que demuestra que en España, o en el cine español, lo que funciona es la risa, más o menos fácil -sin intención de criticar los esfuerzos mediáticos de Santiago Segura que han contribuido a este éxito. El cine para adolescentes, y no tan adolescentes, parece el único filón para el mercado del cine español: Fuga de cerebros o Primos consiguieron buenos resultados.


El siguiente título español en la lista de los más vistos ni siquiera tiene director español: Midnight in París de Woody Allen y, de lejos, lo siguen películas que han triunfado nacional e internacionalmente en Festivales y Premios como La piel que habito de Almodóvar ( 4,58 millones), No habrá paz para los malvados de Urbizu (4 millones) o También la lluvia de Bollaín ( 3.9 millones) que contaron con un público fiel al director más que a las grandes estrellas del celuloide que puedan aparecer. Si comparamos los casi 100 millones de taquilla con los más de 500 millones recaudados por el cine extranjero en nuestro país, en su mayoría por productoras americanas (440 millones), los datos son aún más desalentadores, teniendo en cuenta que las producciones españolas fueron las segundas en número de las mostradas en nuestros cines.


En definitiva, habrá que buscar nuevos medios de financiación para el cine patrio, nuevos mercados para su difusión y centrarse en la comedia que es el género que triunfa -ya se sabe que al mal tiempo buena cara- a la vez que se cierran espacios o los precios suban a límites inaccesibles para cubrir, como nos dicen desde el Ministerio de Economía, lo que otros no pagan.



Imagen: Santiago Segura. Torrente 4, 2011.